domingo, 10 de febrero de 2013

La escuela: Una llama vacilante en los Cerros de Usaque y de Macondo.



 La escuela:
Una llama vacilante en los Cerros de Usaque y de Macondo.

La llama de la transformación del Agustín Fernández.


En el relato acerca de las Cápsulas de la Convivencia hice la alusión a un personaje de la historia de Colombia llamado Desquite. Él fue un mortal que no eligió la violencia sino que la violencia lo escogió a él, un aliado de la muerte, un hombre que nunca fue a la escuela, y a quien un poeta nadaísta le hizo una elegía, en la que de  modo hipotético expresa: si Desquite hubiese tenido las mismas posibilidades de Gonzalo Arango, seguramente su tumba no estaría cavada en una montaña, sino que su cuerpo rugiría en los paraninfos, haciéndonos comprender, con sus poesías, que la mano que maneja la pluma vale tanto como la que conduce el arado. Pero no, Desquite escribió en los corazones de algunos colombianos versos de dolor con el esferográfico de las armas, por falta de oportunidades. Cuenta la historia, que en el filo del puñal se leía: “Esta es mi vida”. (Arango, 1958)

Bueno, ¿Y que relación tiene Desquite con nuestras escuelas?


La llama prometedora de Usaquén
Pues sencillo, que en Los Cerros de Usaque, hoy convertidos en noticia nacional e internacional por la violencia y la muerte, hay miles de niños, adolescentes y jóvenes carentes de oportunidades para hacer valer su pluma. Prácticamente la única oportunidad es la Educación Básica y Media, en los colegios estatales, con serias falencias en calidad, dotación, cobertura, sentido, autonomía y reconocimiento.

Es un modelo de escuela que pende de políticas extranjeras, que ha heredado la huella homogenizante, normalizadora, que sigue siendo excluyente, muy desatendida por los gobernantes y vilipendiada por la sociedad; no obstante, es una de las pocas esperanzas que tienen la infancia y la adolescencia de los Cerros y del país. Es, evocando a Cortázar (1963) en la Rayuela: La luz de la paz del mundo.

En el libro: Culturas para la Paz, compilado por Suzy Bermúdez (1995, 305), Matilde Ocampo, hace más de tres lustros, recomendaba: “La escuela debe estar más centrada en el reconocimiento que en el conocimiento…la educación hincada en el conocimiento forma para actuar en una sociedad basada en la competencia y en el logro de la eficiencia económica y política: generalmente los valores se dejan de lado. Los responsables del saqueo del erario y de la violencia no son exclusivamente iletrados o personas de poca escolaridad, sino profesionales o bachilleres que han estado sometidos a nuestros sistemas educativos y que han aprendido a competir de manera eficiente.”

La llama empoderada  de Unión Colombia
“Somos una sociedad sentimental en la que prima el gesto sobre la reflexión, el ímpetu sobre la razón, el calor humano sobre la desconfianza. Tenemos un amor casi irracional por la vida, pero nos matamos unos a otros por las ansias de vivir.” Escribe García Márquez. Si todos los decesos que han enlutado a los pobladores de los Cerros, desde el inicio de su poblamiento, y a los colombianos a partir el descubrimiento de América, hasta hoy, causados por la violencia, no hubiesen jugado su corazón al azar, como en la Vorágine, “otro gallo cantaría”, no el gallo de pelea sino el que anuncia la alborada.

Y si sobre esas tumbas, además de rezar y poner flores, familiares, vecinos y compatriotas nos preguntáramos con el autor de la elegía: ¿No habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir? ¿No habrá manera de que en Colombia, en lugar de que las personas se maten unas con otras, potencien mejor la vida? Entre tanto, Guillermo Hoyos, refiriéndose a Desquite,  nos insta a escribir un epígrafe distinto.

Pero, “en juego largo hay desquite”


La llama de la acogedora del Aquileo Parra
El desquite, con minúscula, en el adagio popular, hace hincapié a otra oportunidad. Volviendo a nuestro Nobel, “la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía”. Es la oportunidad para que los chicuelos de los Cerros de Usaque y de Macondo deshagan ese inri de que en Colombia – como lo escribió Moreno Durán- “todos nacemos sospechosos y morimos culpables”, pero para ello se demanda el apoyo de la sociedad, del estado y de una ciudadanía y una cuidadanía que, a cambio de estigmatizar, aliente, que con sus palabras no mate sino de vida, como diría Huidobro.

Y no es cualquier apoyo, se trata de de pasar de de la formulación de políticas centradas en bienes y servicios a una planificación con énfasis en las capacidades, entendidas éstas como la libertada positiva, que liga justamente la posibilidad de SER con el hacer. En palabras de Amartya Sen (1998), se trata de sostener una ligadura entre la habilidad y el bien. Así, aduce el premio Nobel de Economía, “se logran niveles adecuados de funcionamiento social."


La llama refulgente de Saludcoop
Los adolescentes y jóvenes de los Cerros y de Macondo tienen mucha capacidad de pensamiento y de acción; les agrada bastante el deporte, tanto que a veces hasta contravienen normas comunes por acceder al él, pero la oferta que hacen los planes de desarrollo es mínima. A los estudiantes de nuestros colegios les encantan las salidas pedagógicas, sobre todo al mar y a las regiones, pero en el Plan de Desarrollo Local, por ejemplo, se ocupa tangencialmente de ello, pese a propuestas concisas como la defendida por los educandos del Nuevo Horizonte, en los Encuentros Ciudadanos: "Vive a Colombia, estudias por ella.”

Entonces así ¿Cómo se pueden potenciar las capacidades de la población? ¿Cómo auscultar el ser con el hacer en una práctica que supere esa mirada pobre de las competencias curriculares? Nuestros estudiantes, verbi gracia,  no están pidiendo grado 12, tampoco jornada extendida ni única, porque esos bienes no mantienen vínculo real entre el ser, el hacer y la libertad positiva, pues es “más de lo mismo”, sobre unas bases muy discutibles, acomodadas por el Banco Mundial, tal como lo demuestra el historiador Jorge O. Melo en: Malas propuestas (El Tiempo: 30 01 2013); igualmente, el columnista Diego Arsitizábal (El Espectador febrero 3 2013) para quien el problema no es tiempo sino de fondo: “No se trata de tiempo ni de inventar esas estúpidas pruebas al final de cada ciclo”.   


La llama ondeante del Cristóbal Colón
Bueno, y dadas esas circunstancias de tanto improvisación en las políticas sociales, de tanto dolor, de tanta pobreza asumida como la ausencia de bienes y servicios, al lado de la violencia intrafamiliar, y junto a esa carencia de oportunidades, el gobierno local, distrital y nacional no debería seguir pensando para el pasado sino para el aquí y el ahora, es decir, que todos estos acontecimientos deberían verse como los síntomas de una sociedad enferma que pide al unísono: equidad, reconocimiento legítimo, trato digno,  justicia social, libertad positiva y desarrollo de sus capacidades básicas.


Y debería pensar más en los niños y en sus maestros, porque tanto los unos como los otros reclamamos apoyo de la sociedad y del estado, para que esa llama vacilante, denominada escuela, no se extinga con los severos vendavales de la violencia cotidiana que viene resurgiendo en la ciudades y en el campo.


La llama inapagable del General Santander
Cuando el alto oficial de la Policía Metropolitana de Bogotá manifestó, refiriéndose al problema de Los Pascuales, que se estaba medellinizando la ciudad, al entender de algunos humanos, llamó fue la atención acerca de la necesidad de ponerle cuidado al problema, a la urgencia de trazar políticas de prevención, más que a la estigmatización, para que el flagelo de la violencia no se encarne más, ni viva entre nosotros. Claro está, que en la prevención no se deben confundir las causas de las cosas con las condiciones que las hacen posible, como lo advertía Estanislao Zuleta.

En el documento: Política Nacional del Campo de la Salud Mental (2008), se afirma que Colombia tiene uno de los más altos índices de violencia entre los países de América. Se calculaba que el 85% se debe a conflictos cotidianos y el 15% a causas políticas. En una investigación del año 2012  se asevera que el 85% de la violencia en Colombia, “es generado por transnacionales y explotadores de los recueros naturales” (Vernot, 2013). “La violencia es nuestra mejor industria nacional de exportación” anota Jesús Zárate (1972) en su novela: La Cárcel.


La llama iluminadora del Toberín
Lamentablemente, en la formulación de las políticas sociales remediales y de prevención, los agentes de la escuela, quienes hacemos parte visible del panorama geosocial, no aparecemos; nuestras voces no se escuchan, porque todo se reduce a un asunto de seguridad policial y militar, como si el problema no fuese cultural y político. Y si el lío es cultural y político, la salida no puede ser otra que por la vía de la cultura y de la política, y en eso la institución que más tiene que aportar es la escuela. Si la tripulación de esa barca llamada Colombia no reconoce en su integridad a la escuela primaria, básica y universitaria como su faro, el hundimiento en el océano de la violencia será inminente.   

¿Por qué hay que pensar en los niños, en los maestros y en la cultura?


La llama inconfundible del Divino Maestro.
Porque el currículo oculto que evidencia los duelos de los niños, adolescentes, jóvenes y adultos atraviesa el corazón de la escuela, prácticamente la tiene contusionada y en esas condiciones es muy difícil centrar la atención en el currículo formal. La tristeza del niño, el llanto del adolescente, la desconcentración de unos y otros en las clases, como consecuencia de la falta de elaboración del duelo, la huerfanidad, el miedo, entre otras emociones negativas, marchitan los pétalos del educador. Y así, el color de la alegría, el aroma estimulante del aprendizaje y el pedúnculo de la salud se transmutan. “Al colombiano sin corazón lo pierde el corazón.”

También hay que pensar en los niños y en los maestros, porque, como suele ocurrir, algunos medios de comunicación “tiran la piedra y esconden la mano”. Dicho de otro modo, avivan intrigas, imprimen estigmas, desinforman, condenan inocentes y absuelven culpables, sin pensar en las consecuencias o en las secuelas que quedan en la mente de millares de infantes y adolescentes, correspondiéndole a la escuela hacerse cargo de enmendar unos males sufragados por otros, de asistir procesos de desaprendizaje, de pungir vómito para despertar el apetito. “La adolescencia grita lo que la infancia calla” y esos gritos se oyen en las aulas. En el desarrollo de los acontecimientos y en la implementación de las políticas, la prevención brilla por su ausencia.

Pero los maestros y directivos docentes, para poder observar el bosque, necesitamos dejar de mirar la claridad del afuera por medio de la hendija del obscuro salón de clase. Se requiere condescender que la luminiscencia entre al salón para que ahuyente la obscuridad. En otras palabras, la situación de violencia que se vive en Los Cerros y en Macondo hay que leerla, contemplarla, interpretarla, escribirla en el currículo y transformarla en la práctica. ¿Cómo? “El que tiene un por qué para vivir sabe soportar cualquier cómo” decía Nietzsche.

      
La llama espléndida de Friedrich Naumann
¡Maestros, no dejemos que la noche obscurezca a los Cerros, ni a Macondo. Mantengamos encendida la llama de la escuela. La madre Teresa de Calcuta, en alguna ocasión dijo que cuando más oscura está la noche no es el momento para arremolinarnos unos en torno a otros, cubriéndonos de manera mutua los miedos, sino que resulta preciso encender una luz, aun cuando sea la llama vacilante de una vela. No lo dijo exactamente así, pero de esa manera lo recuerdo. 

Si necesitamos mirar con los ojos cerrados y desafiar el concepto Piagetiano de la acomodación hagámoslo, porque a veces con las pupilas descubiertas los distractores nos impiden concentrarnos y abstraer. Hay momentos en los cuales los seres humanos cerramos los ojos, para ver situaciones que no son tan perceptibles para el cerebro, por la vía visual. Ese ejercicio es saludable, ya que le posibilita a la persona fijar más la atención, imaginar, valorar el mundo no captable con los ojos abiertos, reflexionar, soñar y encontrar salidas en la obscuridad, desde la noche de los despiertos.

Algunos aportes del Nuevo Horizonte


La llama ardiente del Nuevo Horizonte
“La mejor crítica a un río es construirle un puente” glosó el escritor. Caminante si hay camino y lo hacemos al andar, sería la replica a Machado.  Un camino que no se puede hacer pensando para el pasado, es decir exclamando: “si hubiésemos hecho X entonces Y”. Se hace primordial pensar el presente en el presente, educar en la vida para la vida misma. 

En este sentido, el Nuevo Horizonte, un centro escolar erguido en la cordillera de los Andes, provoca a los colegios de la localidad, de la ciudad y de la nación a compartir sus puntos de vista, acerca de la situación de violencia que estamos viviendo, a escribir. “Es un deber cívico y político de los latinoamericanos escribir” decía Manuel Mejía Vallejo.


Jinna, la alumna/maestra con la profe Claudia
y otras estudiantes.
Del seno de nuestro centro educativo han aparecido varias pócimas, una de ellas: Las Capsulas de la Convivencia. Ahí le metemos un poquito de combustible a la enseñanza de las normas con el ejemplo. En esta última actividad, unos maestros optamos por “hacer el oso” como dicen algunos colegas. “Hacer el oso” no es otra cosa que inspirar la puesta en escena de las normas de Convivencia y los valores con el ejemplo. “Ya se sabe - apunta William Ospina (1997, 46), en ¿Dónde está la Franja Amarilla?- que la única pedagogía es la pedagogía del ejemplo”.

 La alumna/maestra viviendo valores con los estudiantes de grado sexto. Pero más allá de la pedagogía está la psicagogia, ciencia encargada de modificar el modo de ser del sujeto, mediante la percepción, más que del aprendizaje, porque los valores – como lo sostiene Maturana (1997, 265)- no se enseñan ni se aprenden, “se viven o se niegan”. En esta línea de ideas, lo que ha hecho la alumna-maestra y las maestras que aparece en las fotos, es un acto de amor, entendido como “el reconocimiento del otro como legítimo otro, en la diferencia con uno.”

La ruptura de ese muro que separa al estudiante de los directivos y docentes, por medio de un acto como el que nos ocupa, funda actitudes de confianza y hábitus, evocando a Víctor Frankl (2004), que hacen ostensible una relación horizontal entre pares, potenciadora del desarrollo emocional e intelectual. Imprime una educación inconforme y reflexiva, “que nos inspira un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma. Que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora, que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia”, parafraseando nuevamente al escritor de Aracataca (1995). Queda a merced del lector desplegar la iniciativa y compartir la experiencia, sobre todo el sentir y pensar de educandos, padres de familia y educadores.  


Dos alumnos de grado 12 junto al profe Jamir.
La insinuación a la llama de cada uno de los colegios, acompañada de una foto, es un reconocimiento a su existencia en medio del conflicto, es una apología al coraje y a la ternura que les acompaña en el día a día para educar, es una convocatoria a la reflexión sobre la experiencia y a poner en común puntos de vista variopintos, en una sociedad que exige tomar postura ética y política ante los acontecimientos, lo mismo que a ensanchar los caminos canalizadores hacia la vida y la inmensa energía creadora, que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia. Queda pendiente la reflexión sobre los colegios particulares. 


La licenciada Luz Mery Quintero danzando. 
Es urgente, decía Sábato (2000, 130), “encarar una educación diferente, enseñar que vivimos en una tierra que debemos cuidar, que dependemos del agua, del aire, de los árboles, de los pájaros y de todos los seres vivientes, y que cualquier daño que hagamos a este universo grandioso perjudicará la vida futura y puede llegar a destruirla... La búsqueda de una vida más humana debe comenzar por la educación... No podemos seguir leyéndole a los niños cuentos de gallinas y pollitos cuando tenemos a esas aves sometidas al peor suplicio...”


El ejemplo con la danza: un lenguaje con muchas imágenes y mensajes de cambio para los niños. En la foto anterior, la licenciada Luz Mery Quintero, incentivando a los estudiantes a convivir a través de la danza. En la siguiente foto, la maestra Aurora Mayorga, de la sede Buenavista, mostrando atuendos De la región  y danzando frente a estudiantes, padres de familia y educadores.

La licenciada Aurora Mayorga
Por último, se le puede correr el cerrojo a este portón, advirtiendo que:

 “Por culpa de un clavo, se perdió la herradura,
Por culpa de la herradura se perdió el caballo,
Por culpa del caballo, se perdió el jinete,
Por culpa del jinete, se perdió el mensaje,
Por culpa del mensaje, se perdió la batalla,
Por culpa de la batalla, se perdió el Reino.”


Veladora hecha por estudiantes del colegio, reciclando.   
¡Por culpa de la violencia se viene perdiendo la vida, la familia, la escuela, el estado, la sociedad y la naturaleza! He ahí el efecto mariposa. Por eso, sigamos muy atentos la relación de los clavos con la herradura, en este desafiante cabalgar por el camino de la esperanza, con el mensaje de los Derechos Humanos, a la luz de esa llama denominada educación, para continuar librando batallas por la existencia, en el reino de la vida.

Referencias bibliográficas.

Arango, Gonzalo (1993) Obra negra. Santa fe de Bogotá, Plaza y Janes.
Bermudez Q., Suzy (1995) Culturas para la paz, Bogotá, Fund. Alejandro Ángel Escobar.
Frankl, Víktor (2004)  El hombre en busca de sentido. Barcelona, Herder.
Maturana, Humberto (1997) Santa fe de Bogotá, Tercer Mundo Editores
Melo, Jorge Orlando (2013).  Malas propuestas. www.eltiempo.com 30 01 2013)
Ministerio de Protección Social (2007). Política Nacional del Campo de la Salud Mental. Bogotá DC.
Ospina, William (1997) ¿Dónde está la Franja Amarilla? Bogotá, Grupo Editor Norma.  
Sábato, Ernesto (2000). La Resistencia. Buenos Aires: Seix Barral, p. 130
Zárate, Jesús (1972). La cárcel, Bogotá: Planeta



José Israel González Blanco.

sábado, 2 de febrero de 2013

HISTORIA DE UN LEÓN QUE NO GLORIFICA AL CAZADOR - De prisa por el bachillerato y la Normal



De prisa por el bachillerato y la Normal… 



Carretera que comunica a Sativanorte con Satrivasur. A la vera el colegio.

…En el año 1970 fue creado el Colegio de Varones Senén Arenas, en homenaje a un prestigioso médico del municipio, de filiación conservadora, quien sobrevivió, a mediados del siglo XX, a los ataques de los campesinos liberales pobres, gracias a la custodia  de coterráneos conservadores pobres, quienes defendían los colores rojo y azul respectivamente. La planta física estaba localizada a 30 minutos de la cabecera municipal. Inicia con primero bachillerato. La matricula costaba $20 y la pensión mensual $10. Los profesores, licenciados en su mayoría, llegaron nombrados por la Secretaría de Educación de Boyacá y el rector era el profesor de la Escuela Urbana, amigo de la milicia…Allá ya no nos “sacaba la leche”, porque a todos nos tocaba caminar aproximadamente una hora hasta el pueblo, para almorzar y luego retornar a la vereda de La Chapa, por la carretera destapada, bajo el esplendoroso sol propagado en el valle del Chicamocha y a veces azotados por los torrenciales aguaceros.


El profesor de inglés era el síndico del hospital, un hombre culto, padre de un afamado médico residente actualmente en Bogotá, dueño del único Club del poblado y familiar cercano al patricio Senén Arenas. Las clases ya tenían su particularidad cual era, que cada profesor dictaba según su especialidad. El horario estaba acordado de 8 am A 5 pm, los sábados asistíamos a lavar los baños y el piso del colegio, porque las tareas de aseo recaían en los estudiantes…Ahí, en el año 1972 participamos en el primer paro indefinido del magisterio, bloqueando con piedras la trocha carreteable, por la que pasaba el único bus que transportaba los pasajeros de Sátiva a Duitama, el camión lechero y el bus de turno que trajinaba con los obreros de Acerías Paz de Río...



Colegio de departamental Senén Arenas, antes colegio de señoritas.


 Dos años después de su creación, la Secretaría de Educación fusiona el Senén Arenas con el colegio de señoritas, dado en comodato y regentado por las hermanas Dominicas Terciarias, y también donado por Arenas. El cambio fue muy drástico, sobre todo, porque imperaba el orden de las monjas y porque no fue muy fácil la interacción entre niños y niñas. “El orden conduce a Dios” era el lema de la rectora. No obstante, ahí culminé la Educación Básica en el grado 4º de Bachillerato, junto a otros 8 educandos, con innumerables aventuras, una de ellas el trago amargo de no poder ingresar a clase, por precepto de las hermanas Dominicas, a causa de que mi madre, algunos meses, humanamente no pudo pagar a tiempo los $10 de pensión…El trabajo agrícola los sábados y el cuidado de cerdos, vacunos y ovinos fue una labor obligada, para poder “merecer” el estudio.

No aguanto las ganas de manifestar, antes de ponerle el cerrojo al capítulo de la educación en Sátiva, que en 1973, año en el que el DANE realizaba el Censo Nacional, el magisterio afrontaba una huelga contra un nefasto Estatuto docente. FECODE emplazó a las bases sindicales a no entregar los formularios…Nosotros, los estudiantes del Colegio Departamental de Nuestra Señora del Rosario de Sativanorte, fuimos enterados por dos profesores, pero a ellos les pudo el miedo mientras que a los estudiantes nos sobró valor… y fue tanto el coraje que nos negamos a entregar la información, siendo conducidos al calabozo, por dictamen del alcalde, padre de uno de los líderes estudiantiles…72 horas duramos en prisión...nos visitó mucha gente, hasta las monjas insistieron en mediar, porque de lo contrario nos expulsarían del colegio…para nuestros padres, esa fue una afrenta con la nación, por ser desobedientes y maleducados…pese a las presiones, cumplimos con nuestra protesta hasta que la Federación notificó al país del levantamiento del paro, derrotando las pretensiones del Ministerio de Educación…    



Placas de la cripta de Senén Arenas y del colegio Mixto del Rosario.


En 4º de bachillerato se enseñaba la Anatomía Humana, una materia que asustaba, porque los contenidos giraban alrededor del cuerpo humano, pero lo más álgido era acceder al tema sobre el aparato reproductor masculino y femenino… fue una asignatura tabú. También estaba la geometría, su eje medular, los teoremas, algo bastante complicado de comprender, enseñado por la hermana rectora…el Español fue una asignatura sumamente difícil, debido a que la columna vertebral estaba en las conjugaciones de los verbos y para completar la enseñaba el sacerdote, clérigo  que detonó la motivación por la lectura, la escritura y la importancia de hablar en público…nos obligaba a hacerlo mediante discursos, sainetes, foros y los Centros Literarios.  Él nos calificaba las lecturas de las misas todos los domingos… Las Olimpiadas fueron una innovación en el municipio, pero no partieron de la iniciativa del colegio, sino de la decisión de los empleados de la Caja Agraria, el médico y el juez…

El tiempo transcurría felizmente dentro de las calamidades anotadas…llega el mes de noviembre y mi padre debe definir la continuidad o discontinuidad de mis estudios. En el primer caso, la opción era la carrera militar, la Policía o la Normal; en el segundo, continuar en las labores  agrícolas o conseguir empleo en una dulcería en Bogotá...después de muchas ingestas de guarapo, güeta, chirrinche y cerveza, de mi progenitor, con sus más cercanos amigos, la balanza se inclina hacia la Normal, eso sí luego prometerle lo divino y lo humano, es decir, ser obediente, no perder el año, ayudar en las labores pecuarias, domésticas y retribuir los virtuales gastos en la educación de mis dos hermanos menores…

Muestra de la agricultura y del forraje donde se realizaba parte del trabajo.

A finales de noviembre de 1974, un ex compañero del colegio, estudiante de la Escuela Normal de Varones de Tunja, luego alumno de la UPTC, después alcalde popular (2000-2003) y finalmente silenciado por las balas de la subversión, aún en el ejercicio de su cargo, me inscribe en ese plantel para presentar el examen de admisión… días más tarde efectúo la prueba mediante el test de Kuber, un ejercicio raro, porque en los años de primaria y bachillerato las pruebas explicitas fueron las previas y los exámenes orales, apoyados con una alta sobredosis de oración…

El día de mi cumpleaños participo en la convocatoria realizada por la Normal de Soatá, para ingreso a la misma, obteniendo una calificación de 98 entre 1 y 100 puntos…Aunque las dos ensayos fueron superados satisfactoriamente, mi papá optó por la segunda, dado que veía mejores dividendos, por la cercanía a la casa y por la autoridad que le imbuían las religiosas, garantizando de esa manera el control y el uso de mi fuerza de trabajo en las actividades pecuarias, cada fin de semana…

Puerta de ingreso a la Normas de la Presentación de Soatá.

La Normal estaba regentada por las monjas de la Presentación, quienes apoyaban su administración en una cooperativa. Tenía una escuela anexa para hacer las prácticas, una jornada nocturna en la que se realizaba el programa de alfabetización implementado por el MEN, la Educación Básica y el ciclo de la Normal que principiaba en 5º y cerraba en 6º, con el título de Maestro… Dos grupos de Quinto y dos de Sexto con no más de 6 hombres en total, hubo en aquel entonces. Cada quimestre se presentaban exámenes y en caso de deficiencias en las calificaciones, sobre todo en la práctica, el cupo se perdía…De esa manera tuve que despedirme de muchos compañeros, unos rumbo a su hogar y otros a continuar estudios en colegios circunvecinos.

La mayoría de los docentes eran reverendas, solamente el profesor de Química, el de Física y el de Educación Física eran hombres. El primero venía del Instituto Técnico industrial de Boavita, dirigido por sacerdotes, el segundo procedía del colegio Departamental de Tipacoque y el último de Bogotá, contratados por la Cooperativa…La maestra de Fundamentos y Técnicas era licenciada en Psicopedagogía de la UPTC, una joven educadora altamente exigente, que no dudó en colocarme planas de escritura y no titubeó en impedirme, varias veces, el acceso a la prácticas en la anexa.


Las prácticas de la Normal evocaron mucho mis vivencias en la escuela rural y en la escuela urbana de mi patria chica. Eso, ligado a las enseñanzas de la profesora de Fundamentos y Técnicas, potenció la vocación de ser maestro. Igualmente, la actitud de los dos maestros de primaria y la del profesor de Español de 4º bachillerato, un sacerdote cultor de la lengua materna, quien inspiró en este mortal el sentido de la lectura, la argumentación y la escritura, pese a que hasta ahí era un pésimo lector- claro que todavía lo sigo siendo- …ni mi extinto padre, quien solamente fue un año a la escuela elemental, soportaba mi deletreo...Siempre me decía, ¿Y para qué lo tengo en la escuela? ¡Alma bendita de ese irremplazable líder comunal!...

Madre, padre y abuela materna en la cripta. Sativanorte.

Así, siendo mal lector y haciendo planas de escritura en un cuaderno ferrocarril, fui uno de los pocos estudiantes que presentó el ICFES en las instalaciones de la UPTC, una prueba que nunca supe para qué servía, entre otras razones porque no la exigían las universidades.                                                                                                                                      


El Nevado de El Cocuy visto desde la carretera Central del Norte (Arbolsolo), vía a través de la cual se comunica Sativanorte con Soatá y con la capital de Boyacá.


José Israel González Blanco.