sábado, 9 de noviembre de 2013

El Año Grande en un colegio público.



“Mi educación se vio interrumpida por mi ingreso a la escuela” Shaw Bernard


En la región Andina, los agrodescendientes practican, en el periplo del año, dos momentos en la siembra; el primero, denominado Año Grande y el segundo la Atraviesa. El Año Grande se realiza entre marzo y abril, mientras que la Atraviesa se lleva a cabo en julio y agosto. El aprontamiento de los menesteres para las Pruebas Saber concuerda con el aprestamiento del Año Grande, mientras que la recolección de la labranza da al traste con la aplicación de las pruebas del Icfes, con los exámenes de admisión a la Universidad Nacional y con la publicación de los resultados de las dos instituciones.   

Nuestros estudiantes han participado de esos convites. Cada uno de ellos ha echado mano de las herramientas que le aportó cada profesor en el circuito escolar. También ha hecho suyos los aprendizajes que sembró en él la familia, desde la cuna hasta la actual metamorfosis. En este transitar no ha desechado los aprendizajes de los mas media, del sentido común y del contexto citadino, aprendizajes, que dicho sea de paso, encarnan más del 75%, del peso de los factores asociados a la evaluación, según los resultados de investigaciones publicadas, entre otros estudiosos, por Guillermo Bustamante.

Y traigo a colación la referencia del profesor Bustamante, al menos por dos razones; la primera, porque ahora, en el receso, los maestros de Bogotá pudimos disfrutar de su conferencia magistral, sobre evaluación, al lado de la disertación del  profesor Estupiñan sobre al evaluación dialógica. La segunda razón es más del orden emocional, dado que varios de los maestros que forjaron el aprendizaje de los chicos, hoy marchitos por el vendaval de la prueba, sienten que ahí en esos resultados hay una pérdida que refleja su accionar pedagógico, didáctico y político.

Si aceptamos, que en la actualidad, la escuela no es la única que transmite conocimientos y que el maestro no es el único que enseña, porque la humanidad cuenta con un océano de memoria acumulada al alcance de los dedos y de los ojos, donde cualquier dato es accesible, entonces podremos decir con conciencia que, en la prueba del ICFES, el perdedor no es el adquiriente- evocando a Bernstein-, tampoco el maestro, sino la sociedad, la familia y el estado, con la implantación de un modelo inequitativo. “Es verdad que solemos descargar el peso de la educación en el llamado sistema escolar, olvidando el peso que en la educación tienen la familia, los medios de comunicación y los dirigentes sociales”, puntualiza William Ospina.

Pero ustedes y yo sabemos que la familia, los medios de comunicación y los dirigentes sociales no comparten este planteamiento, ellos ponen en tela de juicio nuestro quehacer aseverando a los cuatro vientos, que si las cosas salen mal es porque la educación no está funcionando. Pero más angustioso resultaría, colegas, admitir la posibilidad de que si las cosas salen mal es porque la educación está funcionando bien.
Tenemos un mundo ambicioso, competitivo, amante de los lujos, derrochador, donde la industria mira la naturaleza como una mera bodega de recursos, donde el comercio avizora al ser humano como un mero consumidor, donde la ciencia a veces olvida que tiene deberes morales, donde a todo se presta una atención presurosa y superficial, y lo que hay que preguntarse, maestros y estudiantes, es si la educación está criticando o está fortaleciendo ese modelo.

Sin embargo hoy, tal como le ocurre al agrodescendiente que pierde su cosecha, y de manera análoga en los años pretéritos, los estudiantes de grado 11 exteriorizan en su rostro y en su deleznable humanidad, un viso de cansancio, un semblante de tristeza y una sensación de duelo, por la pérdida de la cosecha, fogueada en un terreno muy quebradizo, rodeada por céfiros de pensamiento bastante potentes y por un ambiente de capital cultural diseminado.

Es un cansancio no esencial, pero visible a los ojos de unos terrícolas, desafortunados por no vivir en un terreno fertilizado por las matemáticas, por las ciencias ni por el lenguaje, pero seguramente sí por las artes, por las emociones y por la kinestesia, situación contraria a la experimentada por El Principito, en el planeta raro, donde solamente se pueden alojar el farol y el farolero.   

El planeta de los estudiantes de los colegios públicos y el nuestro es el mismo de Pegaso, un mundo en el que el desaforado afán de éxito fustiga a los mortales a tener la sensación de estar corriendo por el aire. “El hombre moderno es un hombre de afán”, argüía Nietzsche, impugnando la  deshumanización de una generación depredadora en los consumos. Apresuradamente el vigilado tiene que volar contestando unas preguntas llenas de artificios, de elipsis e hipérboles, para lo cual su plumaje no le permite ni levantar no sostener el vuelo.

La Prueba Saber pone en evidencia la inequidad en que se participa, porque  le otorga éxito a unos pocos y deja atrás a la gran mayoría. Esa es la lógica del hipódromo, trasladada a la relación entre examinados, es la razón de una educación que, como lo sostiene el escritor de Padua: “no está hecha para que colaboremos con los otros sino para que siempre compitamos con ellos, y nadie ignora que hay en el modelo educativo una suerte de lógica del derby, a la que sólo le interesa quién llegó primero, quién lo hizo mejor, y casi nos obliga a sentir orgullo de haber dejado atrás a los demás”[1].


En esa razón del mejor jinete es donde se inscribe la apuesta por el caballo equivocado de la cual se ocupó Frank Smith, en la época de la era espacial estadounidense: competir en cambio de cooperar. Una época entronizada en la Guerra Fría y el modelo neoliberal, que  hace del ser humano un lobo de sí mismo y de los demás, tal como lo dejó expedito Hobbes. 

 

Deshojando los frutos de la atraviesa.

 

Como lo podrán leer en las gráficas que aporto, al tomar como universo tres cursos con un estimado entre 30 y 37 estudiantes y con una muestra de aproximadamente el 65% del total del universo, huelga decir, dos cursos con 71 educandos, se precisan los siguientes resultados, expuestos de 1 a 10, como puede ojearse en la web del ICFES.

En Lenguaje: El 77% de la muestra obtiene puntajes por debajo de 5.0, siendo 5.0 la mitad de la calificación, alojándose el 58% en el rango de 4.0 a 4.9. Entre 5.0 y 5.9 solamente el 18% de los educandos. Pasaron el umbral de 6.0, por debajo de 7, tres estudiantes de los 71, es decir, el 4.2%, matizando que en esta área cuantitativamente les fue mejor, pues en el 2012 solo un educando se ubicó el rango de 6.0 a 7.0.    

En matemáticas. El 82.6% de la muestra obtiene puntajes por debajo de 5.0, albergándose el 56% en el rango de 4.0 a 4.9. Entre 5.0 y 5.9 únicamente el 15.4% se instaló en ese rango. Pasaron el umbral de 6.0, por debajo de 7, un estudiantes de los 71, es decir, el 1.4. %.  En el 2012, 8 estudiantes sobrepasaron los 6.0 puntos.

En Ciencias Sociales. El 82.2% de la muestra obtiene puntajes por debajo de 5.0, reitero, siendo 5.0 la mitad de la calificación, instalándose el 44% en el rango de 4.0 a 4.9. Entre 5.0 y 5.9 sin más el 8.4% se situó en ese rango. Pasaron el umbral de 6.0, por debajo de 7.0, dos estudiantes de los 71, es decir, el 2.8%. En el 2011, un estudiante apenas alcanzó 60 puntos.  

En filosofía. El 92.4% de la muestra obtiene puntajes por debajo de 5.0, acentuándose que el 63% está en el rango menor de 4.0. Entre 5.0 y 5.9 meramente el 7% se apostó en ese nivel. Con 6.0 y más puntos no hay ningún estudiante. En el 2012, todos los estudiantes se dispusieron por debajo de 4.0, en una muestra similar a la que es objeto de esta presentación.

En Biología. El 92.4% de la muestra obtiene puntajes por debajo de 5.0, subrayando que en el 50.4% está en el rango de 4.1 a 5.0. Entre 5.0 y 5.9 solamente el 5.6% se ubicó en el rango. Con 6.0 y más puntos hay un estudiante. En el 2012 ningún estudiante sobrepasó los 6.0 puntos, en una muestra similar a la que referenciada en esta descripción.

En Química. El 89.6% de la muestra obtiene puntajes por debajo de 5.0, siendo 5.0 la mitad de la calificación, hospedándose el 37.8% por debajo de 4.0 y, en el rango de 4.0 a 4.9, el 51%. Entre 5.0 y 5.9 solo el 8.4% se colocó en ese rango. Pasó el umbral de 6.0, un estudiante de la muestra en mención, es decir, el 1.4. %. En el 2012 ningún estudiante superó los 6.0 puntos, mientras que en el 2011, hubo uno.  

En física. El 74.2% de la muestra obtiene puntajes por debajo de 5.0, poniéndose el 40% en el rango de 4.0 a 4.9 y el 33.6 por debajo de 4.0. Entre 5.0 y 5.9 se situó el 23.8%. Pasó el techo de 6.0, por debajo de 7.0, un estudiantes de los 71, es decir, el 1.4. %. En el 2011, dos estudiantes sobrepasaron los 6.0 puntos. En el 2012 ninguno.

En Inglés. Inglés y filosofía están muy parejos. Pese a que en el idioma extranjero hay una clasificación más detallada, los resultados pueden leerse así: El 92.4% de la muestra obtiene puntajes por debajo de 5.0, insistiendo que el 63% está en el rango de 4.1 a 4.9. Entre 5.0 y 5.9 solamente el 5.6% se instaló en ese rango. Con 6.0 y más puntos no hay ningún estudiante. En el 2011 un estudiante superó los 6.0 puntos, igual que lo sucedido en 2012.

En lo atinente al componente flexible, el 51.8% optaron por Violencia y sociedad, aprobando, sobre 6.0, un estudiante. El 7% escogió la profundización en matemáticas, logrando pasar sobre 6.0, un estudiante. Para biología se inscribió un alumno, igual cantidad para sociales. Para Medio ambiente y para lenguaje 20 y 7 respectivamente. En el puntaje nacional, de la muestra estudiada, el 4.2% de estudiantes se acomodaron entre los 100 primeros lugares, uno de ellos en el lugar 46. El total de inscritos fue de 567.203. Entre 101 y 200, el porcentaje es igual al anterior. Un 32.2% se sitúo entre los 500 primeros puestos. En los puestos 700 al 961, se colocó el 44%.

Desojados los frutos de la atraviesa, dejo en la mente de los colegas y estudiantes el color, el sabor y la contextura del fruto, para que lo amasen, huelga decir, para que lo mastiquen y así establezcan los análisis, teniendo en cuenta que en esta cosecha, en cosechas anteriores y en las que están por venir algo tenemos que ver. La Prueba Saber 11 valora prácticamente todo lo aprendido en el ciclo escolar. Y, en ese ciclo hay muchos factores asociables, del 25% que le compete a la escolarización; de ahí la importancia de que todos los maestros y directivos actuemos como cirujanos de las políticas educativas que han engendrado este sarcoma.     

Veamos el bosque, pero no por la leña.

“Hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego.” En ese bosque, un tanto marchito, antes de la leña están los árboles. Antes que valorar a unos adolescentes por los puntajes hay que apreciarlos por su ontología y por las huellas que han dejado en el proceso. En estos campos del pensar y del hacer lo nuestro son los procesos, no los resultados. Los resultados son la forma, los procesos el fondo, sin negar que lo uno no esté relacionado con lo otro.

Los resultados, en este momento, parafraseando a Tolstoi, son la leña para el fuego que atizan los medios de comunicación, la sociedad, la familia, algunos profesores y hasta los mismos estudiantes que se sienten culpables de una situación que ellos no han erigido.

Quienes vimos crecer a esta generación de bachilleres 2014, sabemos que son unos chicos que han manifestado unas competencias que el ICFES  no les evalúa y que ojalá no se le ocurra evaluarla, verbi gracia, la cinestesia y el arte, la poética. “La ciencia como aproximación a la verdad puede ser igual, pero no superior al arte” anotó Bertrand Russel.

Los educadores de un sinnúmero colegios, luchan incansablemente e inútilmente –creo yo- por quitarle los balones a los niños, sobre todos a los migrantes de la primaria, a los más diminutos. Igualmente, somos testigos de que muchos de esos niños que en su momento se resistieron a perder su esférico, no quisieron ser proscritos, hoy son los adolescente que organizan los equipos, son los muchachos que arbitran los partidos, son nuestros alumnos que demuestran que las reglas que ellos colocan las cumplen, aunque transgredan las normas del Manual de convivencia. Ese es un indicador de autonomía y de criticidad que afirman los educandos, que corresponde con los objetivos de la Ley General de la Educación y que nos permite inferir que la formación ciudadana si la hay.

Las verdades de la estadística no pueden eclipsar las verdades de la psicología, menos de la estética ni la ontología. Un hombre debe ser igual a otro hombre en las oportunidades y en los derechos, pero también es importante que sea distinto. Una ceiba es una planta distinta a un cafeto, no obstante nos aseveran que sumados son dos arboles.  Un hombre mas otro hombre, aritméticamente sumarían dos hombres. ¿Verdad o conveniencia? “Dicen que uno y uno son dos, decía Chesterton, pero el que ha conocido el amor y el que ha conocido la amistad sabe que uno y uno no son dos, sabe que uno y uno son mil veces uno” Y eso son los estudiantes que ha marchitado la Prueba Saber. Son unos amigos que emprendieron su viaje en el preescolar o en otra coordenada, se encontraron en los bancos del bachillerato, compartieron dolores y alegrías y hoy están listos para dejar el árbol que no los ató sino que les ofreció sus ramas para afinar el vuelo, porque los árboles no at6an, ofrecen, apunta Eduardo Galeno.    

Pero si alguno de ustedes litiga por la versatilidad de la estadística, entonces digamos que en la muestra que nos ocupa, un 33% de los educandos pasó en la Universidad Nacional. En esa lógica colegimos que nos fue mejor que en la Pruebas Saber, estadísticamente hablando. Y, sin titubeos, hay más preocupación y preparación para el Icfes, que para el ingreso a la Nacional. ¿Entonces que fue lo que pasó? ¿Será que le seguimos apostando al caballo equivocado? ¡El resultado nos estará indicando que tenemos la aguja de la brújula buscando el Norte, pero mirando hacia el sur?

Por último déjenme contarles, que recientemente, con motivo de la inscripción al servicio militar, los varones debían diligenciar un formulario, para lo cual se les entregó una fotocopia para su previo diligenciamiento. Por algunas razones, solamente una minoría hizo el ejercicio. En el formato debían colocar peso y estatura. Ante el imperativo de no recibirles el formulario incompleto, varias de eses mentes frescas y audaces se dieron a la tarea de conseguir un metro, localizar una pared y ahí estampar las medidas, de tal manera que todos pudiesen obtener el dato, tal como así aconteció.

Esa competencia comunicativa, que evidencia el vínculo entre la escuela y la vida, que pondera el conocimiento domeñado y que involucra de manera afortunada el saber socialmente decantado, nos traslada al episodio de un profesor* con un estudiante alrededor del siguiente enunciando: “ Demuestre cómo es posible determinar la altura de un gran edificio con la ayuda de un barómetro”. (2 minutos para pensar ¿cómo lo haría?  Comparta la respuesta).  Al ser interrogado el muchacho por su profesor, respecto al cómo desarrolló el ejercicio, el estudiante le expresó: “Suba el barómetro al techo del edificio, amárrelo a una cuerda larga, descuélguelo hasta la calle. Enseguida vuélvalo a subir y mida la longitud de la cuerda. La longitud de la cuerda equivale a la altura del edificio.

La calificación del profesor fue: cero; no obstante, el educando pidió un segundo calificador quien no altera la decisión de su colega. No vencido el ingenioso adolescente, logra un tercer jurado quien, luego de estudiar a profundidad el caso, manifiesta: “Reflexioné largo rato sobre ese estudiante. Mejor que todos los informes sofisticados que hasta entonces había leído, acababa de enseñarme la verdadera pedagogía, la que se apega a la realidad. Con jóvenes como éste no le temo al futuro”

 La actitud de estos jóvenes con quienes nos enseñan con la verdadera pedagogía de la realidad y con quienes no le debemos temer al futuro, nos lleva a recordar el gesto de Galileo Galilei cuando se le ocurrió subir a la torre para tirar abajo dos piedras y a la vez la teoría de Aristóteles. Si eran malos maestros los de Galileo, se habrán irritado por aquel crimen, si eran maestros de verdad- apunta Sábato-, “se habrán alegrado de aquella sagrada rebelión”.

De acuerdo con lo expresado colegas: ¿Nos alegramos ante el ingenio de algunos estudiantes? ¿Nos irritamos porque no son sumisos sino rebeldes con causa?  Será que nuestra escuela hoy está regentada por directivos del siglo XVII, enseña contenidos del siglo XIX, con profesores del siglo XX, a alumnos del siglo XXI? ¿Por qué no dejamos de adiestrarlos para unas pruebas insípidas y foráneas y los prepararlos mejor con los sabores que ostenta la existencia?
¿Nos irritamos o nos alegramos con el Año Grande del colegio público? 
¡Que la educación de los niños y niñas no se vea interrumpida por el ingreso a la escuela!
¡Que las interminables horas de clase les dejen tiempo a los niños para estudiar, tal como lo reclamaba Estanislao Zuleta!   

José Israel González B.
Noviembre 08 de 2013


[1] Ospina, William (2010). Una nueva educación para una nueva sociedad. Intervención en el Congreso Iberoamericano de Educación.Buenos Aires. 13,14 y 15 de septiembre de 2010.

  
*  Carta enviada al diario La Presse de Montreal, Canadá, por Alexandré Calandra, profesora de la Universidad de Washington, publicada el 27 de septiembre de 1979.  Se encuentra en la revista: Cuadernos de Pedagogía.

domingo, 27 de octubre de 2013

Ruidos del conflicto armado en la escuela.



La escuela colombiana es un agente social afectado severamente por el conflicto armado. No son solamente las 5450 violaciones a la vida, a la libertad e integridad personal de los afiliados a Fecode, en el último cuarto de siglo (Cuello: 2011,68), ni los 40 maestros asesinado en promedio por año, sino los miles de niños, niñas y adolescentes, que día a día, llegan a las aulas, con el dolor de haber visto lapidar a sus familiares, con la pena de dejar a los vecinos, a los animales, la labranza y la tierra que los vio nacer y crecer. Del 100% de los municipios colombianos, más del 95% ha sido perturbado por el conflicto armado. En el caso de Bogotá, cerca de un 12% de escolares pertenecen a ese prototipo, sin que la escuela citadina esté preparada para integrar a esa franja de colombianos tal como lo exigen sus circunstancias.

El relato acerca de La hija de “La leona es una tipología de las muchas que se hallan en las aulas de clase, algunas veces sin que los educadores y directivos docentes se percaten de su existencia, más allá del baladí dato. El sentido de la publicación, no es otro que llamar la atención de la escuela acerca de la invisibilización en que se halla el flagelo; la segunda pretensión es convocar a los educadores a la escrituración de las situaciones, para su reflexión y actuación pedagógica; y, el tercer deseo, emplazar a las entidades de las que habla la Ley de Infancia y Adolescencia y el decreto 1965 del 2013, para que se apersonen y le brinden a la escolarización, la atención remedial y preventiva que ella impetra.  

La hija de “La leona”

Leona, es el apodo con el que apellidaron a la madre de una criatura desplazada, de la Costa Caribe, por el conflicto armado y por la violencia intrafamiliar, junto con un hermano cachorro y el felino progenitor de un cuarteto de progenies. Con La hija de la leona se conoce en la literatura una novela de Vicente García Oliva. El relato, además de parafrasear el título de la obra, posibilita el uso del nombre de la primogénita real del Duque: Rosalinda. Así se podrá leer en adelante el nombre de la niña protagonista del escrito, el nombre del padre, de la madre, de los hermanos de sus consanguíneos y afines.

“José, ¿Qué hacemos con Rosalinda?” Pregunta la directora del grado 6X. “Yo creo que a esa niña le pasa algo, porque pelea a cada nada con los compañeros”, asienta el profesor de una de las áreas. ¡Hay que hacer algo con Rosalinda!…los niños dan muchas quejas, porque les pega y los amenaza que cuando salgan del colegio se van a enganchar…”, apunta otro colega. “A esa muchachita hay que entenderla, porque tiene sus problemas…”, apuntala el coordinador. “Es urgente llamar a la mamá, porque la alumna anda diciéndole a los otros que siente unas cosas raras, que la persiguen espíritus…en fin, algo le está pasando y a eso hay que ponerle atención…”, expone el profesor de Educación Física. “Esa es una loca, corean de manera burlona algunos estudiantes del curso”. “Dizque en el salón de mi hija hay una niña corrida…eso nos preocupa a los padres de familia”.  

Rosalinda, como reza una canción “es linda rosa que floreció junto al río”. Es un alinda púber de piel morena, cabellos crispados, sonrisa recóndita, elocuencia tímida, cuerpo menudo, muy avispada, “con ganas de salir adelante” y de mucho coraje para enfrentar los avatares que la existencia ha puesto en su senda. Una chica que nació hace 12 años, como millones de colombianos, producto de las pulsiones emocionales de dos adultos, que para el momento se regocijaban del aroma de amor que expelía el jardín del noviazgo, y de la transparencia del agua en su discurso, pero que con el paso del tiempo han dejado marchitar esas flores, porque el río del afecto se ha ido desecando y su cause se ha contaminado con el clima de los conflictos.  

Todo marchó bien en la madriguera costera durante tres lustros, hasta que un día la leona y su cónyuge supieron de la incursión del león abuelo en la cuna de la hermana mayor de Rosalinda. El menoscabo que causó fue, evocando al autor de la Divina Comedia, dantesto en la menor de 14 años: abusó sexualmente de la nieta y la preñó. La denuncia llega al ICBF de un municipio coribeño y pronto se hace la interrupción del forzoso e involuntario embarazo. Desde ese entonces, el león abuelo huyó de la madriguera. Las exhaustivas investigaciones no han dado con el paradero, sigue suelto en la selva de la impunidad, con el agravante de que Rosalinda no puede volver, ya que ese lobo feroz puede aparecer en cualquier momento en el bosque y devorarla, no obstante, uno de los clamores de la leoncita de 6X es retornar a su tierra natal, porque “aquí hace mucho frío es muy feo”.

La longeva fiera desbarajustó a la familia de los felinos, constreñirlos a desplazarse, en un primer momento para Urabá, pero allá no hubo acomodación de la estirpe. Otro desalojo fue para la Guajira. En la península la leona conoce a otro león y con él organiza un nuevo escondrijo, dejando en manos del consorte depuesto: la niña violada, Rosalinda y dos cachorritos. “Ya no canta el gallo viejo, como cantaba primero, porque ha venido otro gallo a cantar al gallinero”, podría ser la síntesis de la decisión de la indómita,  que se queda en la Guajira cuidando el nuevo cónyuge, porque según él “para eso la consiguió”.

Entre tanto, el progenitor de Rosalinda, como en la canción de Diomedes, mejor se va como hace el cóndor herido, porque la pena de la hija mayor y la perfidia de la esposa están acabando con su vida, empero, gracias a su coraje ha podido resistir y no se quiero morir, porque le duelen sus hijos. Ese dolor y ese coraje se hicieron ostensibles en la visita realizada al colegio, luego de “hacerle la cacería” en la jungla del barrio y en la floresta del trabajo. En este último escenario, gracias al apoyo del jefe de personal de la compañía de vigilancia, se logra obtener el permiso para un día de la semana, conminando, tanto al jefe como al subalterno, de la gravedad de la situación, se responsabilizara aún más.

¿Cuál gravedad de la situación? podría decir alguno de los lectores de este relato, si en “Cien Años de Soledad” desde las primeras páginas los personajes hierven en deseos de poseer a sus hermanos o parientes cercanos, violando toda norma y contra toda prohibición, y donde los caprichos personales gobiernan la vida de los hombres. Pero a Rosalinda se e le agrava aún más la situación, a causa de en esos ires y venires subyace en escena el conflicto armado. Ella relata, que uno de los tíos más apreciados tenía una novia, un narcotraficante se enamoró de la jovencita y por no acceder a sus pretensiones le asesinó al novio delante de ella y de Rosalinda.

El escenario obliga al cóndor herido a buscar un rumbo distinto. El destino es Bogotá, ciudad a donde llega con Rosalinda y un hermanito, dejando en Córdoba a la hija mayor y al niño menor. Esto aconteció hace apenas dos años. En la capital, el padre de Rosalinda como pudo hizo un curso de vigilancia y con esa formación lo enganchan y ahí se mantiene, entre otras razones porque su semblante refleja ser un hombre joven, responsable, de coraje y como lo precisó él mismo en la vista al colegio: “echao palante”.

Bueno, ¿Y cuál era la urgencia de ir al colegio? Pues no era otra que entregarle la remisión que un médico siquiatra, de la Secretaría de Salud, en visita in situ al plantel, dejó, luego de conversar cerca de tres horas con la estudiante de 6X. En esa conversación La hija de la leona ratificó lo expuesto a varios niños, a determinados profesores, al coordinador, al autor de este relato y  aun sicólogo de la línea 123. El único que no sabía de la magnitud del asunto era el exhausto padre.

Rosalinda decía percibir las voces del tío asesinado y de un primo ahogado. Expresaba también sentir, detrás de sus hombros, la sombra de esos espíritus. Aducía, que cuando ella tenía ganas de pelear, el alma del tío le exhortaba en el oído que no lo hiciera, que no vengara su muerte como lo había dicho en la Guajira, el día del sepelio. Rosalinda es subvalorada en el curso. Expresiones como: “Ella está loca”, “sáquenla del colegio” “cámbienla de curso” dan cuenta del malestar de unos niños, que potencialmente están pasando de la etapa del renacuajo al de la rana, sufriendo el penoso episodio de la metamorfosis de la adolescencia.

Rosalinda niega con sus actos bruscos las afirmaciones de sus compañeros de curso, los mira con rabia y les señala: “¡Yo no estoy loca!”, “ a mi qué siquiatra ni que sicólogo”, yo quiero es irme a ver a mi hermanito en la Costa y a visitar la tumba de mi tío, quiero hablar con él…Horas antes  de la visita del facultativo, el coordinador y el suscrito ingresan al aula a dialogar con los educandos acerca de Rosalinda, se escuchan muchas voces recriminando su actitud, hay murmullo… sin embargo, al final se les precisó que vendría un siquiatra, se les dijo qué hacía ese profesional, se puntualizó en la importancia de ayudar a La hija de la Leona, de no molestarla, no expresarle palabras ofensivas, sino como decía Huidobro: “palabras que den vida, no palabras que maten” .

Culminada la visita y firmados los protocolos se le pidió al siquiatra hablar con los niños, pero adujo motivos de tiempo, dejando esa tarea en manos orientación, coordinación y de los profesores. Finalmente, el felino lleva la remisión para pedir cita para la alcurnia en la EPS, porque la enfermedad es colectiva… acá hay que potenciar más al padre sin descuidar a la pequeña…el colegio le ofrece el respaldo para seguir adelante con sus hijos, el colegio le pide dedicarle más tiempo y brindarles más afecto y confianza a la niña y al niño, quien está validando el bachillerato. En el lapso en que se dinamizaron estas acciones, huelga decir, en las últimas dos semanas del mes, Rosalinda faltó dos días al colegio, al parecer por miedo a las acciones de ayuda.

En el momento en que se elabora este relato, la leoncita está dando muestras de más alegría, se está acercando más a trabajo social y a coordinación, ha limado asperezas con las niñas candidatas a pelear, cambió de peinado, las mejillas que la violencia quemó con el tizón encendido del dolor, empiezan a desenrojecerse. Rosalinda, La hija de la leona, es una heredera de Macondo que, contrario a los relatos de José Eustasio Rivera, no jugó su corazón al azar, para que se lo ganara la violencia, no obstante, la violencia se lo está queriendo ganar. En años anteriores, la angustia la puso at portas de quitarse la vida. Eso también lo vertió en el centro escolar.

Bueno, he elaborado este relato, sencillamente para reiterar la manifestación urgente de acceder a herramientas, que nos permitan abordar, en los colegios, situaciones como estas, que dicho sea de paso son bastantes, que no dan espera y porque pueden llegar a estadios superiores en su complejidad. Habitamos un país donde la realidad supera la ficción como lo expresara Carlos Fuentes y que para ver esa realidad se necesita mucha imaginación, como lo escribe Rulfo.

José Israel González B. Bogotá DC, abril de 2013         

martes, 8 de octubre de 2013

La palabra en la escuela...


A finales de agosto del año en curso, El Tiempo publicó una columna titulada: Colombia, un país donde hasta el lenguaje se corrompe. La lectura del texto de Gossain no la pude escindir del paisaje educativo; al contrario, mantuve un estrecho vínculo con la vida escolar, llegando a colegir, cual verdad de Perogrullo, que la escuela no escapa a tal corrupción, o si se  quiere a la suplantación del discurso pedagógico y didáctico por términos que enrarecen su estirpe disciplinar.  Pero en la médula espinal de la corrupciòn del lenguaje está  la estupidez de nuestro idoma, que al decir de Fernando Vallejo "sigue cediéndole espacios al inglés por no adoptar un sistema ortográfico basado en la fonética y no en la etimología".

Para incitar el debate: a las vacaciones ya no se les dice asuetos sino receso escolar; los rectores suelen nominarse gerentes o jefes; a los maestros no se les designa pedagogos sino guías, acompañantes; el centro que educa ya no es la escuela sino la institución; a la Urbanidad de Carreño se le conoce como Manual de Convivencia; al recreo se le señala como descanso; al avío, medias nueves u onces se les echa de ver como refrigerio o lonchera; al salón que tiene computador o tablero electrónico se le aclama Aula inteligente; al acto de subir a un niño de un curso a otro se le dice promoción anticipada; al buen rendimiento de un estudiante se le menciona desempeño aceptable; a la capacidad de aprendizaje, competencia; el niño inquieto, bribón, es hiperactivo; la inversión en educación posa ser una relación costo beneficio; al maestro que está a punto de chiflarse se expresa que padece el Síndrome de Agotamiento Profesional y que ese episodio lo puede llevar, no al asilo sino a la Clínica de reposo; a la maestra se le inviste como cucha; el retardado mental es un individuo con déficit cognitivo y al de coeficiente intelectual alto llegará el momento en que se le sitúe: con superávit cognitivo.    
          
No cabe la menor duda de que las palabras significan lo que los seres humanos queremos que signifiquen, como no cabe duda de que quienes las imponen buscan el poder. Ya lo expensaba Mäder “Todo el que pretende imponerle su dominio al hombre, empieza por apoderarse de su lenguaje”. La Economía entonces ya no es una ciencia auxiliar de la Pedagogía, como nos lo enseñaba el profesor Rafael Ávila, sino una disciplina que se viene marchitando el discurso de la pedagogía y de la didáctica, con la mirada complaciente de muchos docentes, porque los verdaderos pedagogos no abdican a la descendencia. 

“Yo quiero que puedan hablar las palabras…
Conversar es escribir palabras en el aire, así lo hizo Pitágoras quien desdeñó la escritura o Platón quien inventó el diálogo filosófico para obviar los inconvenientes del libro, conversar no es “echar cháchara”, ni “perder el tiempo”, como escucha uno de los labios de muchos maestros y directivos docentes, alienados seguramente por el dominio de la economía financiera y alejados de la pedagogía, esa economía empotrada en la escuela que no ve ni al maestro ni al estudiante como persona, sino como recurso, como instrumento de producción, como objeto de las políticas y no como sujeto de las mismas, como un código per capita. 
Ya no se conversa en la escuela como otrora, la escuela no es el telar de la palabra sino el taller del activismo y de la mudez; se descree en la palabra y se privilegia la evidencia, vale lo que es observable, medible y cuantificable, cual precio Positivista, como si toda la vida humana no ocurriese en conversaciones, desde antes de la cuna hasta después de la tumba, porque con los muertos también se habla y con los dioses. Por eso- evocando a Galeano: “ Yo quiero que puedan hablar las palabras” que son mejores que la mudez.  
Mudez y silencio son abyecciones de la conversación, aunque el silencio tiene su lenguaje. Maturana sostiene que lo que hace que algo sea una conversación no es el hecho de enseñar lo nuevo, sino de encontrar en el otro algo que no habíamos en­contrado aún en nuestra experiencia del mundo. Los agrodescendientes siempre han encontrado algo nuevo picando leña, aporcando la labranza, ordeñando las vacas, mirando el sol, las nubes y las estrellas, bebiendo chirrinche, guarapo, supia o güeta. En cambio, los alumnos de hoy no le hallan sabor a la retahíla de los profesores, pero si a la de los maestros que les dibujan historias en su corazón, porque escribir –como lo diría Jairo Aníbal Niño- es dibujar el pensamiento y se aprende a escribir para comunicar lo que siente el alma, sensación que solo puede hacerse mediante el lenguaje. 
Las palabras las inventamos al igual que los números, aduce Fallaci. La palabra, que no es el vocabulario ramplón, fue una protagonista de primer plano de la historia, porque – como lo apunta Borges- “cuando el silencio fue como una censura propia y el mundo se cansaba de pensar, y de exigir sus verdades, los escritores debieron asumir el papel de guías espirituales y encaminar a los hombres que deambulaban por un camino inexistente”. 

La escuela actual se niega a la mudez y al silencio obligado, porque el maestro colombiano ya vivió el “silencio obligado” al lado de las “urgencias lloradas”, tal como lo relata el profesor Martínez Boom. En los enrejados de los colegios y en los alambrados de las escuela se lee en las púas: “le tengo miedo al silencio/ por lo mucho que perdí/ que no se quede callado/ quien quiera vivir feliz”.
Pero la palabra, en esta corrupción del lenguaje y en la "estupidez", no quiere dejar de ser la protagonista. La palabra lucha por mantenerse en el palco en el que la humanidad la colocó, antes de la urbanización y del empuje del capitalismo salvaje, en el que solo se legitima la evidencia, se impugnan las voces y ya ni los perros ladraban sentados. De palabra en palabra, los ojos de los niños pueden llegar al mar y conocer las islas, señala Castro Saavedra.

“Toda la vida humana ocurre en conversaciones”, afirma el científico chileno referido. La conversación es la ruptura con el pensamiento monológico. Cuando una conversación se logra, nos queda algo, y algo queda en nosotros, que nos transforma. El padre de la Hermenéutica, George Gadamer, decía que: “la conversación ofrece una afinidad pe­culiar con la amistad. Sólo en la conversación (y en la risa común, que es como un consenso desbordante sin palabras) pueden encontrarse los amigos y crear ese género de comunidad en la que cada cual es él mismo para el otro, porque ambos encuentran al otro y se encuentran a sí mismos en el otro”. Par poder ser Yo he de ser otro, salir de mí, buscarme en los otros, los otros que me dan plena existencia, apuntaría Octavio paz.  
Aseverar que la conversación ofrece una afinidad pe­culiar con la amistad y que crea comunidad, nos trasporta al mundo de las emociones, una de ellas: el Amor, la emoción fundante de lo social. Pero, siguiendo con la práctica socrática, ¿Qué es el amor? Nada ajeno a la conversación. “El amor es el reconocimiento del otro como legítimo otro en la convivencia con uno”. Subrayo: en la convivencia con uno. Si así se define el amor, vale la pena interpelarnos: ¿En nuestras relaciones cotidianas y laborales hay amor? ¿Nos reconocemos unos a otros como seres legítimos y como diferentes? ¿En nuestro quehacer diario encontramos al otro y nos encontramos a nosotros mismos en el otro, en la otra? ¿Las palabras que tejen nuestras conversaciones en al escuela dan vida o matan, porque no siempre las palabras masajean el corazón ni acarician el cerebro, algunas desencadenan corticol, porque hay personas que disparan, de ahí la advertencia de Huidobro cuando dice que hay palabras que dan vida y hay palabras que matan.
Ahora bien, confieso que esta situación que estamos viviendo en la huerta escolar, en la que se intenta negar al ser humano porque conversa, esta situación que desconoce al otro como legítimo otro en la convivencia, me lleva a colegir con Faulkner, en ese pasaje de Réquiem por una monja, que “El pasado nunca está muerto” o dicho de otra manera, que el pasado: “Ni siquiera es pasado”. Que necesitamos mantenernos en la conversación, porque es dadora de vida y en el diálogo como hacedor de comunidad. Un diálogo que debe ser una investigación, en el que poco importa que la verdad salga de boca de uno o de boca de otro. “Yo he tratado de pensar, al conversar, que es indiferente que yo tenga razón o que tenga razón usted; lo importante – indicaba Borges -es llegar a una conclusión, y de qué lado de la mesa llega eso, o de qué boca, o de qué rostro, o desde qué nombre, es lo de menos”. 
Sin palabra no hay escuela, no hay familia, no hay sociedad, no hay vida humana. José Saramago, el fallecido premio Nobel de literatura, dijo en un discurso en el 2004 que las palabras no son ni inocentes ni impunes. "Hay que decirlas y pensarlas en forma consciente". Necesitamos seguir disfrutando y gozando de la conversación, tal como nos lo legó Estanislao Zuelta. Desterremos de la escuela y de la familia esa epidemia pestilencial que azota a la humanidad y de la cual adviritó Italo Calvino. Entonces…Usted tiene la palabra…

José Israel González B.
Colegio Distrital Nuevo Horizonte. Bogotá DC
Octubre 8 de 2013

miércoles, 7 de agosto de 2013

Educación y salud mental 1


EVALUACIÓN Y SALUD MENTAL

Este artículo nace en medio de dos coyunturas, de ahí la composición del título. El primer detonante es la realización del foro distrital acerca de la evaluación y el segundo la conmemoración en el mes de octubre, entre otras efemérides, del Día Mundial de la Salud Mental. Con base en estos acontecimientos provocaré algunas reflexiones, comenzando por la evaluación y finiquitando con la salud mental.

Históricamente, la salud mental precede en su formalización a las políticas de evaluación educativa. Para abordar la primera, tendríamos que remontarnos a  la fundación del Hospital General de San Juan de Dios de Bogotá (1564) y a la llegada al país de los Religiosos Hospitalarios de San Juan de Dios (1596). En el caso de la segunda, nos remitiríamos a finales del siglo XVIII, pero no para encontrar la evaluación sino para vislumbrar la emergencia del maestro público de primeras letras en Santa Fe de Bogotá, porque la preocupación por la evaluación como política social, al decir de la Sociedad Colombiana de Pedagogía, comienza a partir de los años 60, ya que es el punto de referencia de los países desarrollados (en particular EEUU) para introducir unas posibilidades de equiparamiento de la formación de fuerza laboral.

 Los maestros se están enloqueciendo…

Esta afirmación, realizada por un docente del distrito, no hace más de tres años, llevó a la Universidad de los Andes a realizar una investigación, en el año 2005, con los educadores y directivos docentes estatales, apoyados por la Secretaría de Educación de Bogotá, acerca de las problemáticas psicosociales, los saberes y habilidades de los docentes del Distrito. La razón que emplea el autor de la aseveración, gravita alrededor de las exigencias desproporcionadas de la Ley 715 del 2001, una de ellas la implementación del Decreto 230 y en su interior la quiebra del estilo de calificación que se venía haciendo a los estudiantes, sobre todo en Educación Básica y Media, porque en primaria ya el magisterio había bebido el zumo amargo de la Promoción Automática.
    
La universidad apalanca el trabajo de campo en 25 colegios, escogidos por la SED, dentro de los cuales se registra la información de 562 docentes, quienes diligenciaron debidamente el cuestionario. Ese porcentaje correspondió al 2.35% del total de educadores de la capital. Otro de los instrumentos utilizado por los investigadores fueron Las Guías semiestructuradas para entrevistas y grupos focales, en las que participaron rectores, docentes y orientadores. Los contextos establecidos por el grupo investigador fueron: laboral, institucional, relacional, de población atendida y el jurídico-normativo. En este último contexto el 67.9 de los docentes concuerdan con que las difíciles condiciones de la población estudiantil atendida y la puesta en marcha del Decreto 230 “no favorecen su bienestar psicosocial”.

El no favorecimiento del bienestar psicosocial de la política enunciada, en la humanidad de los maestros y maestras, es una manifestación del quebrantamiento de la salud en general y de la mental en particular, porque la salud, según la OMS, no es solamente ausencia de enfermedad sino bienestar físico, mental y social de los sujetos. Y la salud mental no tiene que ver únicamente con el tratamiento de quienes padecen de trastornos mentales o están diagnosticados; involucra, además, la prevención de los problemas y la creación de oportunidades en donde el ser humano pueda realizarse física, mental, laboral y socialmente. La salud mental se ha definido como el estado de la salud emocional en el cual una persona es capaz de funcionar cómodamente dentro de su sociedad y en la que sus características y logros personales son importantes para él. 

Pese a la contundencia de los resultados en el contexto jurídico-normativo, los investigadores, apoyados en los relatos y en las discrepancias de las versiones dadas por los entrevistados, concluyen diciendo: “En este sentido, hablan de un malestar y agotamiento generalizado que experimentan los otros, pero que rara vez dicen vivir en carne propia. A este respecto se esperaba que el cuestionario… coincidiera con el relato sobre el agotamiento generalizado que circula entre los docentes y los medios de comunicación. Sorprendentemente, aunque los participantes se mostraron críticos sobre el impacto de algunos contextos en su bienestar, prevalecen los indicadores de bienestar psicosocial.”[1]

Pero además de promulgar la prevalencia de los indicadores de bienestar, no dudan en sostener que el discurso crítico sobre el efecto que tienen las condiciones laborales en las que se ejerce la profesión docente en el Distrito, es usado a nivel sindical “para llamar la atención y lograr reinvindicaciones laborales”. Además, sostienen que tal discurso tiene un impacto negativo sobre la comunidad educativa que lo adopta, “porque se basa en imaginarios que alimentan una red creciente de desesperanza y autoconmiseración. Y, aunque reconocen que esa alocución llama la atención sobre aspectos que requieren un cambio, también son agudos al asegurar que ello contribuye a fortalecer relatos que desprestigian al magisterio frente a la comunidad general.

El malestar de unos por el bienestar de otros…

Hace más de un decenio, un estudio nacional de Salud Mental del extinto ministerio del ramo, indicaba que el 37% de la población tenía algún tipo de trastorno mental, leve, moderado o severo, precisando que la perturbación más frecuente era la depresión: uno de cada cuatro colombianos la sufría en algún grado[2]. Un lustro más tarde, otro estudio ratifica el hallazgo y, en los actuales momentos, el porcentaje se ha elevado, por el empuje de la violencia, por el incremento de la pobreza, por el desempleo y por muchos otros factores que resquebrajan el escaso bienestar social de los colombianos.En la Web de la Fundación Santa Fé, "4 de cada 10 personas tienen la posibilidad de sufrir de un trastorno psiquiátrico en el curso de la vida; 2 de cada 10 en el curso del último año y 7 de cada 10 en el último mes."

No nos cabe duda, que dentro de estos datos estamos los maestros, las maestras, los estudiantes, los padres de familia, los técnicos, los gobernantes y la gente en general. Aunque la estadística es la forma más científica de decir mentiras, uno podría decir, que en un curso de 40 estudiantes, según el estimativo, habría 10 estudiantes con depresión y en un colegio de 100 educadores habría entre 37 y 40 con algún trastorno mental. Por algo, esa misma fuente revelaba que un 32% de los niños entre 5 y 15 años deberían ser vistos por un equipo interdisciplinario. Curiosamente es la época en que la administración de Bogotá, se desarticulan los Centros de Diagnóstico y tratamiento y empieza un nuevo viacrucis la orientación escolar.

Infortunadamente los investigadores de los Andes no se valieron de las historias clínicas de los maestros y maestras, para establecer los motivos y la frecuencia de las consultas médicas, siquiátricas, sicológicas, los tratamientos ambulatorios y de hospitalización, para consolidar los resultados del estudio, porque en los registros médicos se reportan los trastornos orgánicos y funcionales de docentes y directivos docentes. En esas fuentes primarias los galenos han dejado las huellas manuscritas de las neurosis causadas por las angustias, por el miedo, por la impotencia, por el estrés, por los trastornos de conducta, por las manías, por las emociones negativas, por la ansiedad, por el insomnio, por el estrés traumático, por la depresión, por las enfermedades físicas que muchas veces son el resultado de la somatización, producto todo ésto del desgaste y esfuerzo hecho por el magisterio en pro de un mejor país, a través de la educación. También están consignados los cuadros clínicos de la esquizofrenia y de las sicosis, entre otras patologías.

Los vestigios de esa sintomatología de los maestros, maestras y directivos que se atreven a consultar a los profesionales de la salud mental, son la evidencia de su preocupación por el bienestar social, cultural y familiar propio y el de los estudiantes. Si bien es cierto que son más nuestras potencialidades que las debilidades mentales y corporales, de la situación de violencia no hemos escapado. De acuerdo con el documento: Política Nacional del Campo de la Salud Mental[3] del año pasado, Colombia tiene uno de los más altos índices de violencia entre los países de América. Se calcula que el 85% se debe a conflictos cotidianos y el 15% a causas políticas. El homicidio ocupa el primer lugar entre las causas de mortalidad, según el DANE. El impacto de de los problemas cotidianos y políticos afectan negativamente la escuela al igual que los dolores y los duelos de los escolares salpicados por la presión y por la muerte de sus familiares, amigos y vecinos.   

El desprestigio no es de nosotros…

Con base en lo expuesto y en lo que queda por referenciar, -por ejemplo el estudio realizado con los docentes de sector público de Medellín, acerca del desgaste emocional[4]-, el desprestigio no es de nosotros ni para nosotros, la deshonra es para un Estado que se precia de ser Social y de Derecho, que aporta menos del 0,1% de los recursos en la salud mental, por debajo de países como Uruguay y Chile que destinan el 8% y el 2,3% de su presupuesto nacional, respectivamente, es un Estado que no le apuesta la salud de sus educadores y educadoras.

El desmerecimiento es para un Estado y para una sociedad que no valoran a sus docentes y que culpabilizan a la educación formal de todos los males, como si Estado, sociedad y familia no fuesen responsables constitucionalmente de la educación de los niños, niñas y jóvenes. El deshonor es para un Estado que legisla a espaldas de la realidad social, económica y cultural de una patria que aboga por el bienestar, por la superación del atraso y por la positivización de los Derechos Humanos. En este sentido, el estilo de evaluación actual está lesionando la emocionalidad, la intelectualidad y la salud mental de educadores, estudiantes y padres de familia. La situación se asemeja mucho al relato de la oruga y la mariposa, en la cual un humano intruso rompe el agujero para que vuele pronto la mariposa, obteniendo como resultado la parálisis del artrópodo, condenándolo a vivir por el piso a cambio de volar por los campos. La mano del Estado no debe ser para romper el agujero del bienestar sino para ayudar a que sus gentes vuelen amparadas en el goce de derechos como la salud, la educación y la libertad.
          
Algunas fuentes consultadas..

 Los datos sobre Salud Mental no son tan recientes, por la falta de estudios actualizados sobre el particular, de ahí que el artículo se construyó sobre la base de lo existente. Más allá de los datos, lo esencial es la existencia de un fenómeno cualitativa y cuantitativamente creciente, descuidado y que a los maestros, a los estudiantes y a las familias nos está golpeando duramente. Mas adelante colocaré en el blog la síntesis de un estudio hecho en Bogotá, con maestrso de Usaquén en el 2009 y otro en Medellín, , donde se evidencia la magnitud del flagelo.   

DIAZGRANADOS y otros (2006). Aproximación a las problemáticas psicosociales y a los saberes y habilidades de los docentes del Distrito. En: revista de Estudios Sociales No 23, Bogotá DC, abril, pp. 45-55.
OSPINA, Pedro Nel, GONZÁLEZ  BLANCO, José Israel y otros (2009) Salud Mental, Cooperativismo y Educación, Códice- Codema, Bogotá DC.  
 RESTREPO-AYALA, Nadia C, COLORADO-VARGAS, Gabriel O y CABRERA-ARANA, Gustavo A.(2005)  Desgaste emocional en docentes oficiales de Medellín, Colombia, Rev. Salud pública [online]. 2006, vol. 8, no. 1 [citado 2008-10-12], pp. 63-73.
MINISTERIO DE PROTECCIÓN SOCIAL (2007).  Política Nacional del Campo de la Salud Mental. Bogotá DC.
EL TIEMPO. Colombia: ¿Cuál Salud Mental?, octubre 5 de 1998.


José Israel González Blanco. Trabajador Social. 
Colegio Nuevo Horizonte. Bogotá Colombia


[1] DIAZGRANADOS y otros (2006). Aproximación a las problemáticas psicosociales y a los saberes y habilidades de los docentes del Distrito. En: revista de Estudios Sociales No 23, Bogotá DC,  pp. 45-55.
[2] EL TIEMPO. Colombia: ¿Cuál Salud Mental?, octubre 5 de 1998.
[3] MINISTERIO DE PROTECCIÓN SOCIAL (2007).  Política Nacional del Campo de la Salud Mental. Bogotá DC.
[4] RESTREPO-AYALA, Nadia C, COLORADO-VARGAS, Gabriel O y CABRERA-ARANA, Gustavo A.(2005)  Desgaste emocional en docentes oficiales de Medellín, Colombia, Rev. Salud pública [online]. 2006, vol. 8, no. 1 [citado 2008-10-12], pp. 63-73.

lunes, 5 de agosto de 2013

Locura y amor


La Locura

Quiero dedicar un par de artículos a la salud mental, en el contexto del magisterio, valiéndome de un texto de Mario Benedetti para provocar la reflexión.
 
“Cuentan que una vez se reunieron en algún lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los seres humanos. Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura como siempre tan loca les propuso:¡vamos a jugar al escondite! La Intriga levantó la ceja intrigada y la Curiosidad sin poder contenerse le preguntó:¿Al escondite? Y, ¿Cómo es eso?

Es un juego, explicó la Locura, en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que yo encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego. El Entusiasmo bailó entusiasmado secundado por la Euforia. La Alegría dio tantos saltos que terminó convenciendo a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba hacer nada. Pero no todos querían participar. La Verdad prefirió no esconderse... ¿Para qué? si al final siempre la hallaban. Y la Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en realidad lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella)...y la Cobardía prefirió no arriesgarse.

Un, dos, tres...comenzó a contar la Locura. La primera en esconderse fue la Pereza, como siempre tan perezosa se dejó caer tras la primera piedra del camino. La Fe subió al cielo y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir ala copa del árbol más alto. La Generosidad casi no alcanzó a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos...que si un lago cristalino para la Belleza...que si una hendida en un árbol perfecto para la Timidez...que si el vuelo de una mariposa lo mejor para la Voluptuosidad...que si una ráfaga de viento magnífico para la Libertad...así terminó por acurrucarse en un rayito de sol. El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio: aireado, cómodo...pero sólo para él. La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira, se escondió detrás del arco iris).La Pasión y el Deseo en el centro de los volcanes. El Olvido...se me olvidó dónde se escondió el Olvido, pero eso no es lo más importante. La Locura contaba ya novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve...y el Amor no había aún encontrado sitio para esconderse entre sus flores.

Un millón contó la Locura y comenzó a buscar. La primera en encontrar fue la Pereza...a sólo tres pasos detrás de unas piedras. Después se escuchó la Fe discutiendo con Dios sobre Teología y a la Pasión y el Deseo los sintió vibrar en los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia y claro, pudo deducir dónde estaba el Triunfo. Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solo salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la Belleza, y con la Duda resultó más fácil todavía,pues la encontró sentada en una cerca sin decidir aún dónde esconderse.

Así fue encontrando a todos. Al Talento entre la hierba fresca...a la Angustia en una oscura cueva...a la Mentira detrás del arco iris (mentira...en el fondo del mar).Hasta el Olvido...ya se había olvidado que estaba jugando a las escondidas. Pero sólo el Amor...no aparecía por ningún sitio. La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, en la cima de las montañas, y cuando estaba por darse por vencida, divisó un rosal y pensó: el Amor siempre tan cursi, seguro se escondió entre las rosas...tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas...cuando de pronto un doloroso grito se escuchó...las espinas habían herido los ojos del Amor, la Locura no sabía que hacer para disculparse: lloró...rogó...pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó en la Tierra al escondite, e l Amor es ciego...y la Locura siempre lo acompaña.


MARIO BENEDETTI