sábado, 6 de septiembre de 2014

Escribiendo y leyendo en la escuela y en familia...


Gestación, parto y primera infancia de un libro

…Escribir es un deber cívico y político de los latinoamericanos…”

Este artículo concentra su atención en dos aspectos sobresalientes: el parto de un libro y la crianza del mismo. En el primer acontecimiento referiremos lo conexo a la incubación del germen, las náuseas acaecidas, las contracciones y el alumbramiento. El segundo acontecimiento, se ocupa del proceso de crianza y de su primera infancia.

 Un parto de alto riesgo.

Empezamos por el final, porque como diría Ernest Bloch, en el Principio Esperanza, “el  génesis no está al principio sino al final”. Y está en lo conclusivo, porque lo céntrico de nuestra reflexión es lo que viene ocurriendo después del parto; empero, para ocuparnos de la gestación si vamos a comenzar por la génesis.    

El parto de una criatura, registrada civilmente con el nombre de El Cuento de la Ley de Infancia y Adolescencia, tiene lugar en un paraje de los cerros Nororientales de Bogotá, en un territorio erguido en la cordillera oriental y cuyo nombre es Colegio Distrital Nuevo Horizonte. Allí, al tenor de las bajas temperaturas climáticas y de los bochornosos ambientes en el trabajo, se incuba la idea de crear un fenotipo didáctico, recogiendo los caracteres del genotipo del medio cultural en el que se halla el colegio.

El óvulo a fecundar se topa en el lenguaje de los niños, niñas, adolescentes, padres de familia y educadores, quienes a diario exponen en los oídos de unos y de otros sus inquietudes, sus problemáticas, sus deseos, pero muchos de los tímpanos acariciados por esas palabras, parecen ser anticonceptivos, dado que no posibilitan la fecundación. El caso, motivo de esta socialización, padeció la adversidad del azar, falló el dispositivo y como resultado asoma el genotipo del Cuento de la Ley de Infancia y Adolescencia, constituido por el relato de las penurias familiares que sufren algunos los estudiantes de la institución, en el cotidiano vivir.

El cigoto en mención es encintado por el esperma de la iniciativa de dos orientadores y dos maestras de aula. Estos educadores, valorando los mensajes de las narraciones de una veintena de estudiantes, se ponen en la no sencilla tarea de colectar, mediante la escritura, los sentires de sus discípulos y hacer de ellos un soma, para ostentar en sociedad en el año 2009. En el preludio al natalicio del impúber, una fonoaudióloga de la localidad de Fontibón, que dedica su tiempo a la atención de niños hipoacústicos y una maestra, que no despabila la atención de alumnos hiperactivos en la escuela El Codito, inauguraron el baby shower.

Prosiguieron el acto, los dos hermanitos, estudiantes de bachillerato, que aparecen en la caricatura de la portada, uno de ellos recientemente fallecido, pero que en vida pudieron plasmar parte del rostro de la criatura. La rectora de la época, una pedagoga sensible, de las que hoy están en vía de extinción,  abrazó el embarazo y se colocó al frente de los gastos demandados, el vestuario, su diseño, los colores, el registro y la edición de El Cuento de la Ley de Infancia y Adolescencia.

Como puede percibirse hasta acá, los riesgos del parto se superan y la criatura puede ver la luz del sol en el planeta y percibir la humedad que ocasiona la serosidad de su progenie. Ya ha cumplido un lustro de existencia, sin que hasta ahora humano alguno haya tachado su personalidad; al contrario, su espectro muestra que el deber cívico y político  de escribir, por parte de los educadores, como lo ha sentenciado Manuel Mejía Vallejo, es posible y necesario si se quiere incentivar la lectura y despertar la escritura en la escuela, en el colegio, en la universidad y fuera de esas matrices. 

 Con un impúber de esta edad caen muy bien las preguntas formuladas por Eduardo Galeano: ¿Escribir vale la pena? ¿En medio de los adioses y los crímenes sobrevivirán las palabras? ¿Tiene sentido este oficio que uno ha elegido o que lo ha elegido a uno? La respuesta sin titubeos es ¡si!, vale la pena lactar la memoria vegetal, porque con ella se amamanta la memoria de carne y sangre y también la memoria mineral de las que habla Umberto Eco.  


Se le puede correr el cerrojo a este primer acontecimiento aseverando, que uno de los síntomas más fatigantes en la gestación del efebo fue el olor nauseabundo, proveniente del Ministerio de Educación y de las Secretarías del ramo, en el que trascendió la percepción de que era prohibido pedir libros a los educandos y progenitores en los colegios.

Esa pandemia aún se sostiene, pese al daño irreparable que ha causado en la mente de las familias, los maestros, los directivos docentes y, sin duda, en las nuevas descendencias. Esa asquerosa aromatización ha aumentado la pobreza mental de niños y adolescentes, más que el crecimiento de la pobreza y la indigencia material de los colombianos, que hoy campea por encima del 60% en las locomotoras de la prosperidad democrática.     

“Para ver la realidad se necesita mucha imaginación”, decía Rulfo. Para escribir sí que se requiere imaginación, y sin lectura la imaginación se esfuma. La lectura es el óvulo de la escritura y el libro la fecundación de las dos. Sin ese germen natural el ser, hasta ahora, no ha podido llegar a ser. La lectura hace al hombre completo, decía Bacón. ¿La incompletud del ser humano podría explicarse por la ausencia de lectura? ¿Dónde queda la postura política y ética de los educadores, frente a este sismo que sobrepasó los 7 grados en al escala Richter? ¿Acaso no se dijo que escribir es un deber cívico y político de los educadores? ¿Dónde queda el cumplimiento de ese deber en los adultos autónomos?    

La crianza y primera infancia de la impúber.

La posibilidad de volver a leer y a escribir en el salón de clase, con un libro sobre las manos de cada niño, editado por sus propios maestros, ha tenido lugar en el colegio Nuevo Horizonte, gracias a que al infante, en su periplo, se le ha atravesado una madrina, quien-como toda buena madrina- ha asumido la custodia, lo ha llevado de la mano para los salones de clase, lo ha defendido de los asedios, lo ha puesto a jugar con los estudiantes de la clase de democracia y hasta le ha permitido su visita a las casa de los niños. Esa madrina, una licenciada en Ciencias sociales, ha degustado con sus pupilos, más que con los mismos precursores, las palabras, las imágenes y las historias del El Cuento de la Ley de Infancia. El siguiente relato es el testimonio fidedigno de una experiencia en proceso de reflexión.

“El libro del cuento de la Ley de Infancia se ha convertido en una herramienta que me ha permitido, desde la asignatura de democracia- como ya ha quedado expuesto-, abordarlo con los cursos que trabajo desde diferentes estrategias de aplicación, que a continuación relacionaré,  no sin antes reconocer su valor académico, legal, literario, histórico, artístico y político, aunque tengo que decir, lamentablemente, que algún día o quizá en varias ocasiones se constituyó, sobre todo cuando recién salió, en un libro por-no, por no hacer clase o, simplemente, para cubrir aquéllos espacios de tiempo en que el maestro no se encontraba y a la coordinación o a los maestros de acompañamiento “les tocaba poner a copiar a los estudiantes, a cambio de no tenerlos haciendo nada…y como  había un buen número alcanzaba para todos los estudiantes”. Hoy, se reconoce su gran importancia para la comprensión y desarrollo de las actividades de nuestra institución y de toda aquella que desee adoptarlo.

Se ha trabajado con todos los cursos, desde 6 hasta 11. Con estos últimos,  se   afianzó la aplicación del libro a partir de las diferentes disciplinas del saber escolar: Biología, Matemáticas, Filosofía, Ética, Sociales, Español y Artes, en razón a que su estilo de abordar el tema de los Derechos, teniendo como referencia la figura del cuento;  pues éste maneja una variada información pero también construcción y reconstrucción de situaciones y vivencias, que en sus heterogéneos apartes coadyuva con el análisis y aplicación de cada uno de los saberes, que complementan o nutren el conocimiento del estudiante.

Además  esta misma información ha  sido aplicada comenzando con el campo de la pedagogía crítica, por la cercanía e identificación de los cuentos con la realidad del estudiante, en la que encuentra puntos de coincidencia de muchas de las situaciones que les ocurren a los personajes de los relatos planteados en el libro, con su vida misma. “Ese soy yo profe”, exclamó un niño al oír el texto de Mauricio.

La didáctica de este ejercicio ha llegado al intento de adaptar algunos textos para ser trabajados por los estudiantes de Básica y Media, con los niños de las escuelas conexas al colegio, tomando como base su lectura inicial. Es decir, se está en la tarea de ensanchar la consanguinidad del libro abarcando su estirpe. La madrina ya no es solamente la rubricante de esta narrativa, sino los estudiantes con mayoría de edad académica del Nuevo Horizonte.  

Con los estudiantes de grado séptimo y octavo, se afronta el ejercicio de la lectura colectiva y a viva voz. Georges Perros aduecía, que el hombre que lee en voz alta nos eleva a la altura del libro. ¡Verdaderamente la de leer!. Bueno, dice la profe, ya que a ustedes no les gusta leer... pues seré yo quien les lea los libros. Eso no existe, responde un escolar, “un profe que se proponga pasarse el año leyendo”.

Desde comienzo del año, en las clases, los(as) estudiantes emprenden la lectura en dos modalidades; una, lectura de ideas en la que cada estudiante va leyendo idea por idea o párrafo por párrafo; la otra, desde la clase anterior un estudiante voluntariamente se ofrece a realizar la lectura en voz alta, mientras sus compañeros le siguen   mentalmente. En esta segunda modalidad, el sentido está en que el estudiante sostenga la lectura para lo cual tiene que prepararla con antelación, dado que el sentido es no dejarla caer y mantener una estética de la lectura con: entonación, pausas, respeto por los signos de puntuación, velocidad y comprensión.

En la parte comprensiva, se aboga por el recital de unas preguntas generadoras de la participación del grupo e interpretación de las metáforas que alimentan lo largo y lo ancho el libro. La velocidad y la comprensión son dos dimensiones que provoca el impúber al final, concretamente en un anexo. Allí, hay un sugestivo cuadro en el que, semanalmente, los mismos alumnos pueden registrar los resultados de su velocidad lectora. La meta es que los colegiales de primero, por ejemplo, estén leyendo al final del año escolar 80 palabras y comprendan siquiera el 80%. Los de 11 deben consolidar como mínimo 300 palabras por minuto, así las Pruebas Saber y las PISA, verbi gracia, serán menos catastróficas…”     

La criatura, bajo la égida de su madrina, es asumida como una herramienta de investigación y de inspiración. Dada su gran riqueza de disposición legal, los estudiantes la utilizan para complementar otras historias, que han surgido como parte de su vivencia o han sido halladas a través de la consulta, a propósito de los derechos de los estudiantes, plasmados a veces, como letra muerta en el Manual de Convivencia. Estas nuevas historias o situaciones creadas, se han nutrido en sus posibles soluciones legales de los acápites que corresponden a la cuarta parte del libro, ubicados en el capítulo de “Familia, sociedad y estado: cultivadores de la semilla y protectora de frutos”      

Con la criatura a otro lugar…

La experiencia, aún en proceso de sistematización, permite colegir:

1. La criatura: El Cuento de la ley de Infancia y Adolescencia, es una ruta que bien vale la pena emprender, para fomentar la lectura y la escritura en los maestros y en los escolares.

2. El impúber se ha asumido, por la madrina, como una fuente interdisciplinaria, potenciadora de la integración del conocimiento y como herramienta de investigación e inspiración. .

3. En la vorágine de proyectos que rondan la institución, el infante ha logrado interactuar y fortalecer le proyecto Leo y escribo sin tanta formalidad. 

4. Una experiencia como la del Nuevo Horizonte trasciende esa concepción tradicional de la biblioteca, esa biblioteca que en palabras de Cortázar, es el lugar “donde mueren los niños educados”. Acá ni muere el libro, ni muere la biblioteca, ni mueren los niños, porque el primero está en movimiento, la segunda tiene la cuna desocupada y el impúber está fuera de la cerca.

Bibliografía

González Blanco y otros (2009). El Cuento de la Ley de Infancia y Adolescencia. Un encuentro de los valores, le lectura y la escritura en la dirección de grupo. Bogotá DC: editorial Códice. 


Josè Israel González Blanco. Trabajador social colegio Distrital Nuevo Horizonte.
Pilar Herrera docente de Ciencias Sociales. colegio Distrital Nuevo Horizonte

sábado, 26 de julio de 2014

Los maestros: ¿Cazadores de dragones? A propósito de la calidad de la educación.


La incomodidad de ser maestra/-o en Colombia

Ser maestro, en una sociedad como la colombiana, ocasiona incomodidades a estudiantes ácratas, a padres de familia irreflexivos, a una sociedad estigmatizadora, al Estado criticastro y a directivos docentes y docentes amigos del confort, más que de la incertidumbre, de las transformaciones que exige el mundo actual y de los retos. Es una incomodidad en doble sentido; de una parte, el ejercicio de la docencia con criterios éticos, políticos y académicos erosiona el estatus de confortabilidad, que logran establecer algunos agentes de al comunidad educativa, alimentando su propio ego. De otra, la innovación educativa, la investigación, la defensa de la pedagogía y de lo público, el ejercicio de los derechos humanos y el acto de pensar, son poco bien vistos en algunos establecimientos y ello acarrea desarmonía en la ontología del maestro, porque no puede ser Él o Ella, valiéndose de su propio entendimiento –como lo dijese Kant definiendo la mayoría de edad-, llevándolo esta situación, en ocasiones, a la enfermedad mental y fisiológica.      

Sobre la base de estos polémicos planteamientos, que de por sí ya pueden comenzar a generar incomodidad, aspiro a postular unas pistas para que el debate sobre la calidad de la educación asuma al maestro, más allá de un sujeto que tiene o no una capacitación apta o inapropiada para el ejercicio del magisterio. La Peste, de Albert Camus, el Síndrome de El Cazador de Dragones y la película Historia sin fin son, entre otras, tres fuentes que me posibilitaran bosquejar las ideas acerca de incomodidad de ser maestro.    

…obligado a amar sin darse cuenta.

Albert  Camus, en la Peste, apunta que en la ciudad de Oran, como en otras partes, por falta de tiempo y de reflexión, “se ve uno obligado a amar sin darse cuenta”. En las aulas de clase, como en los corredores y en los recreos, por falta de dedicación de la familia a sus hijos, y por la ausencia de amor de una sociedad hacia los niños, los maestros nos vemos obligados a amar sin darnos cuenta, a ser “maestras tías”, como diría Freire[1], llamándonos la atención porque eso contribuye subrepticiamente a deslegitimizar nuestro rol profesionista.

Digamos, volviendo a Camus, que el tiempo está dado, que no está proscrito, que el uso lo determinamos los humanos y, en el caso que nos ocupa, los maestros. Entre tanto, la reflexión está desabrigada porque su progenitora, la pedagogía, está siendo descobijada en las aulas y en las escuelas, pero está su tizón, es decir el maestro, a quien le corresponde propiciar la reflexión sobre las prácticas educativas, dimitiendo del papel de tías y tíos, si no queremos correr el riesgo de que nuestro ejercicio intelectual siga siendo devorado rápidamente, por ese lobo sentimentalista y asistencial en que nos están enjaulando las políticas educativas, para luego “sacarnos los cueros al sol” con resultados como las Pruebas Pisa y la baja calidad de la educación.     

Y no es que los maestros dejemos de amar, no, eso no lo podemos hacer, entre otras razones, porque la pedagogía es un acto de amor- tal como lo definió André Vernot-, porque nuestra razón de ser es la de inspirar el pensamiento de los alumnos, y ese plectro interpela a la filosofía y la filosofía no es otra cosa que el amor a la sabiduría. En el acto de la enseñanza amamos conscientemente, dándonos cuenta, pero la impetración de amor que nos hacen los niños no la podemos suplir, dado que en el campo de la escolarización la relación educando-educador está mediada por el conocimiento, el poder, los valores y las emociones, donde el amor tiene cabida, pero no como el afecto maternal y paternal que exigen los niños que asisten a nuestras clases. El amor acá, evocando al biólogo Humberto Maturana (1998) “es el reconocimiento del otro como legitimo otro en la diferencia con uno”, no es el amor propio de la progenie.

Dicho de otro modo, la escuela no puede seguir haciéndose cargo de la socialización primaria, que le corresponde a la familia. Es una socialización en la que las prácticas de crianza, la aprehensión de las normas básicas de convivencia, la higiene, las pautas de alimentación, el control de las emociones, el cultivo de los valores y el cuidado del cuerpo, la vivencia de los derechos y deberes le competen a una organización que se precia de ser la “célula de la sociedad”, estructura que todavía existe y que se ha transformado más rápidamente que la escuela, al decir de Juan Carlos Tedesco (1995).

A la escuela, con el acaecimiento de la modernidad, la sociedad le otorgó la formación del ciudadano moderno y para ello estatuyó la alfabetización y la expansión de la educación. Se trata de la formación no de un trabajador, como improvisadamente se quiere incriminar, sino la formación de niños y adolescentes con capacidad de comunicarse mediante el dominio de la lengua materna y al menos de una lengua extranjera; la comprensión de los fundamentos de las ciencias, las artes y de las tecnologías; el pensamiento crítico; la capacidad de analizar los problemas, de distinguir hechos y consecuencias; la capacidad de adaptarse a situaciones nuevas; la capacidad de trabajar en equipo; el gusto por el riesgo; el sentido de la responsabilidad y la disciplina personal; el sentido de la decisión y el compromiso; la iniciativa, la curiosidad; la creatividad; el espíritu de profesionalidad; el cultivo de la inteligencia emocional y de los valores; la búsqueda de la excelencia, el sentido de servicio a la comunidad y el civismo.

La puesta en escena de los componentes de esta formación, en términos de la teoría de los sistemas, se ve accidentada porque los subsistemas familia, sociedad y Estado no mantienen ni la dinámica, ni las interrelación, ni la corresponsabilidad que intima el subsistema escolar. Mientras que la familia deja de asumir su rol de socialización primaria, porque la sociedad la convoca al trabajo y al consumo, el Estado no es eficiente en hacer efectivas las obligaciones que tiene para con la infancia y la adolescencia, sobre todo en el medio escolar y ello viene menoscabando el encadenamiento que otrora, bien o que mal, funcionó.

No es comodidad para un maestro pararse en la puerta del colegio o del salón de clase a revisarle, a los estudiantes, el uniforme con el que se ha comprometido la familia a enviarlo de lunes a viernes; no es comodidad tenerle que exigir a un educando que no use piercing en las orejas, en la nariz y en la lengua, por salud y estética; no es cómodo para un maestro soportar el ingreso y egreso de estudiantes de su clase, so pretexto de ir al baño o por llegar tarde; no es cómodo para un maestro escuchar, todos los días, las groserías y vejámenes de una considerable cuantía de niños y adolescentes, que se comunican mediante esos códigos aprendidos en la casa y en la calle; no es cómodo para un maestro mantener en su aula escolares que no llevan los elementos mínimos para el desarrollo de la clase; no es cómodo para un maestro tener una cuarentena de alumnos y, dentro de ellos, algunos casos especiales y disruptivos, que exigen técnicas y conocimientos específicos que no son de su dominio, para brindarles un aprendizaje acorde con sus necesidades; no es cómodo para un maestro preparar un manjar para que los invitados no lo ingieran o si lo hacen, que no se acuerden de tan interesante evento; y no es comodidad para un maestro o directivo docente ver que el refrigerio se desperdiga y se malbarata, por gana de algunos educandos, más no porque les sobre comida en el hogar.           

Pero tampoco es cómodo sobrellevar el irrespeto de algunos padres de familia, que siendo citados para hablar de su hijo, en pro de la mejora académica y convivencial, no responden porque “no tengo tiempo para eso”, “tengo otras cosas más importantes que hacer”, “no me dan permiso en el trabajo”, “eso debe ser para regañarme”, en fin, un etcétera de pretextos que debilitan la actitud de ayuda por parte del centro educativo. Hay incomodidad frente a tanta invasión externa de proyectos, frente a quienes, sin ser pedagogos, quieren ponernos a desarrollarles sus tareas, profiriendo candorosamente bienestar para el colegio.

No es cómodo para un maestro dinamizar su práctica pedagógica en unos escenarios inapropiados para la enseñanza, escenarios que son inferiores a los Ambientes Pedagógicos Básicos y Ambientes  Pedagógicos Complementarios, estipulados por el ICONTEC en  la Norma Técnica Colombiana (NTC) 4595, ratificada por el citado instituto, editada en el año 2000 y reeditada en el 2006 por el MEN, dentro del escuadre de la Revolución Educativa. Y si los centros educativos no cuentan con  Ambientes Pedagógicos Básicos y Ambientes Pedagógicos Complementarios, aprobados por el Instituto Colombiano de Normas Técnicas y Certificación, entonces el discurso de la calidad es un discurso sin compromiso, pese a que es un componente del Derecho a la Educación, al lado de la permanencia, la Adaptabilidad, el Acceso y la Aceptabilidad.

Y qué decir del desestimulo salarial, prestacional y de la incomodidad del servicio de salud que el Estado le brinda a un gremio, que a todo momento está expuesto al contagio de enfermedades virales, al desgaste emocional y sicológico, a los accidentes, a las intemperies del medio y a la adquisición de enfermedades de distinta procedencia. Aquí la incomodidad se hace extensiva a la familia y se masifica en la colectividad.

La incomodidad de los ambientes de trabajo, causante del Síndrome de Agotamiento Profesional y de la despersonalización, no se distancia de la caracterización realizada por Alvin Tofler en El Shock del futuro: es la angustia tanto física como sicológica, nacida de la sobrecarga de los sistemas físicos de adaptación del organismo humano y de sus procesos de toma de decisiones. Es la reacción humana a unos estímulos excesivos máseres de incomodidad, como los que se acaban de declarar. Las señales del síndrome varían según la fase y la intensidad de la dolencia. La sintomatología cambia entre la angustia y la hostilidad a la autoridad y una violencia aparentemente insensata, hasta la enfermedad física, la depresión, la apatía y a veces la muerte.

Las víctimas, en este caso los maestros, sufrimos con frecuencia, erráticas desviaciones del interés, del deseo y del estilo de vida, seguidas de un esfuerzo por “encerrarse uno en su concha”. Mediante una retirada social, intelectual y emocional, el educador se siente continuamente incordiado o acosado, y se empeña desesperadamente en reducir el número de decisiones a tomar, en que no llegue el domingo por la tarde (síndrome del domingo por la tarde), en que se acabe pronto la jornada y en evitar la clase con determinados cursos. En el servicio der salud, como en Oran, la ciudad de la novela de Camus, lo más original no es la dificultad que puede uno  encontrar para morir, sino la incomodidad en que estamos enfermando y en que están muriendo algunos maestros, unos por enfermedad y otros por la violencia política y cotidiana.

Volviendo nuevamente a las fisuras del sistema educativo, como las tipologiza Fabio Jurado, hoy vemos, por ejemplo, que en las universidades se hacen reuniones de padres de familia, para advertirlos y prevenirlos de todos los males a que está expuesto el estudiante en el campus universitario y fuera del mismo. Las relaciones sexuales y el consumo de sustancias psicoactivas son temas recurrentes. En los colegios, se cita y se reúne a los padres para llamarles la atención respecto al no acatamiento de normas, por parte de sus hijos, conexo a la falta de cuidado del cuerpo, del incumplimiento de tareas, la baja calidad de la lectura y la escritura, el consumo de psicoactivos, los embarazos y un etcétera de problemas propios del contexto. Entre tanto, en la primaria, los maestros lamentan la falta de pautas de crianza en la casa, correspondiéndoles a los educadores de preescolar y primaria intentar llenar esos vacíos, es decir se ven obligado a amar sin darse cuenta. La formación de los niños en edad preescolar es una responsabilidad de los padres y no de los profesores”, apunta el científico Raúl Cuero (2012) 

Los maestros: ¿Estamos olvidado lo esencial y dedicándonos a lo accidental?

Con ese rol que viene desplegando el eslabón familiar, social y estatal, la dinámica escolar se viene escindiendo, porque las responsabilidades afines al primero se están trasladando hacia el preescolar y la primaria, y las de la de escuela primaria a la Básica y Media, y las de estas últimas a la universidad y de la universidad a las empresas, y las empresas impugnan al sistema escolar, siendo el agente más visible el maestro. En un artículo del El Universal de Caracas (1996), reseñando el estado de la lectura y la escritura en los EE UU, se lee: “Estamos graduando estudiantes que no saben leer sus propios diplomas, que no pueden escribir una frase coherente ni resolver problemas de matemática elemental” A su turno, los empresarios del país del Norte, no expresan quejas por las fallas de orientación tecnológica: “Nosotros podemos enseñarles administración, mercadeo, etc. Lo que nos incomoda es que tengamos que enseñarles a leer, a computar, a comunicar y a pensar”[2].

El lenguaje escrito, la las matemáticas, las TICs y enseñar a pensar son, indudablemente, aspectos de los cuales no puede prescindir un sistema escolar; pero lo accidental desplaza lo esencial. El rol de tío y tía que nos viene endosando la familia, la sociedad y el Estado, portando imágenes fuertemente vinculadas al ámbito de la consanguinidad y los afectos, que dicho sea de paso, satisface el ego de algunos maestros, bloqueando la posibilidad de percibir su signo contradictorio, su efecto boomerang sobre la identidad del educador, ese ficticio rol desdibuja el estatus profesional, permitiendo que nos denominen de todo, menos de pedagogos.  

El Síndrome del Cazador de Dragones[3] es una incomodidad mayor en que nos pone el sistema. Según el relato, un bachiller fue a donde un anciano sabio, que habitaba en una montaña, para que le indicara qué hacer en adelante. El joven se sometió a un riguroso plan de formación que demoró un decenio. Al cabo de ese lapso, el muchacho recibió un Ph.D como Cazador de Dragones. Culminado el proceso, el graduando se fue a importunar dragones, con el infortunio de que en 10 años de ejercicio no vio ningún dragón y menos pudo cazar alguno. Retornó donde el anciano, quien sin inmutarse le dijo: “si en 10 años no has podido cazar un dragón, haz como yo, dedícate a enseñar a los jóvenes cómo cazar dragones”

El Síndrome del Cazador contrasta con el texto extractado de La Peste y nos lleva a preguntarnos por la calidad de aquello que alcanzamos a enseñar, en el tiempo en que dejamos de ser tías y tíos. Los dos textos nos transportan a examinar el sentido de lo que estamos haciendo: ¿Los maestros estamos olvidando lo esencial y nos estamos dedicando al encuentro de lo accidental? ¿Los maestros estamos perdiendo el rastro de nuestra propia sombra? El fenómeno primordial de la educación colombiana, aduce Rodrigo Parra Sandoval (1992), que consiste en que se ha democratizado la expansión escolar, pero no se ha democratizado la calidad de la misma, es lo que podría denominarse el Síndrome del Cazador de Dragones: “dar más a mas personas algo que difícilmente puede utilizarse debido a su baja calidad”.

En las Pruebas PISA es ostensible ese síndrome. El Ministerio de Educación ha dispuesto una minuta para los estudiantes colombianos y unos cánones a los maestros para la ingesta de la misma: tiempo limitado, espacios determinados, contextos homogenizados y dosis prescritas. Pasados 5, 7, 9 u 11 años, los educandos presentan los exámenes obteniendo unos resultados insatisfactorios, precisamente porque los cuestionarios contienen preguntas sobre asuntos que los escolares no han visto o han aprendido, pero no saben usar. En ese sentido, los exámenes patentizan, no la incompetencia de los estudiantes sino el fracaso de un chef, llamado Ministerio de Educación, que ha preparado un menú que está indigestando a los estudiantes colombianos, que no lo quieren engullir y que consiste, retomando la metáfora del cazador de dragones, en “dar más a mas personas algo que difícilmente puede utilizarse debido a su baja calidad”.

Del síndrome del Cazador de Dragones podemos pasar a la película Historia sin fin, para invitar a los maestros a que no olvidemos lo esencial, a que nos dediquemos menos a lo accidental. Y, a los estudiantes y padres de familia, a se empeñen en por aprendizaje reflexivo del que habla la Escuela Inteligente (Perkins, 1997); en el fondo, a que no pierdan el rastro de su sombra, es decir el papel que tienen que jugar en y con la educación. 

Historia sin fin es un filme en el que hay un hombre bestia que persigue a un guerrero infantil que quiere salvar al reino de Fantasía, de una peste que lo está acabando, llamada “la nada”. La Fantasía no tiene límite y por ello Atreyu pregunta que por qué está muriendo. La respuesta de Gmork es “porque los humanos están perdiendo sus esperanzas y olvidando sus sueños”. Así es como la nada se vuelve más fuerte. Y, ¿qué es la nada? -interpela el indómito niño-. La nada no es más que el vacío que queda, la desolación que destruye este mundo, y mi encomienda -asienta Gmork- es ayudar a la nada, porque el humano sin esperanzas es fácil de controlar, y aquel que tenga el control, tendrá el poder”.

A Oran, la ciudad que nos pinta Camus, también le cayó una peste como al reino de  Fantasía. Pero hay  ciudades y países donde las gentes tienen, de cuando en cuando, la sospecha de que  existe otra cosa. En general, esto no hace cambiar sus vidas, pero al menos han tenido la sospecha y eso es su ganancia. No dejarnos invadir por “la nada”, por ese vacío que nos está abriendo el sistema y que está dejando el eslabón de la familia, del Estado y de la sociedad, el síndrome del Shock del futuro, el síndrome del cazador de dragones y el síndrome del domingo por la tarde, es ganar la esperanza, es recordar los sueños, es no perder el rastro de nuestra sombra y de nuestra historia. “Quien ha visto la esperanza no la olvida”- escribió Octavio Paz en El Laberinto de la Soledad- La busca bajo todos los cielos y entre todos los hombres. Y sueña que un día va a encontrarla de nuevo…En cada hombre late la posibilidad de ser o, más exactamente, de volver a ser, otro hombre; otro maestro, otra maestra, otro estudiante, otro padre de familia, otro gobernante, otro cazador de dragones, otra ciudad de Odan, otra Historia sin Fin.

Bibliografía
CUERO R., (2012) Cómo ser creativo para triunfar... Bogotá DC, Intermedio editores.
FREIRE, Paulo. (1999).  Cartas a quien pretende enseñar. México: Siglo XXI, México.
MATURANA, Humberto (1997) Bogotá, Tercer Mundo Editores.
PARRA SANDOVAL, Rodrigo. (1996) “La calidad de la educación. Universidad y Cultura Popular”. Bogotá, Fundación FES-Tercer Mundo Editores, páginas 265-266   
PAZ, Octavio (1970) El Laberinto de la soledad... México FCE.
PEÑALVER R. (1996) Educación: El desconcierto Global. El Universal. 10 de Mayo.
Citado en Educación y Pedagogía Nº 18, Universidad de Antioquia.
PERKINS, David (1997) La Escuela Inteligente, Barcelona, España, Gedisa editorial.
TEDESCO, Juan Carlos (1995) El Nuevo Pacto Educativo, Madrid, Anaya

José Israel González Blanco, colegio Nuevo Horizonte. Bogotá DC, 21 07  2014



[1]  FREIRE, Paulo. (1999).  Cartas a quien pretende enseñar. México: Siglo XXI.
[2] PEÑALVER R. Educación: El desconcierto Global. El Universal. 10 de Mayo de 1996. Citado en Educación y Pedagogía Nº 18, Universidad de Antioquia, 1997, pp 17-38.   
[3]  PARRA SANDOVAL, Rodrigo. “La calidad de la educación. Universidad y Cultura Popular”. Bogotá, Fundación FES-Tercer Mundo Editores, páginas 265-266    

jueves, 17 de julio de 2014

Enseñanzas del mundial para: estudiantes, padres de familia y maestros.


Su hijo, un jugador que necesita su Pekerman 

Ha terminado el mundial Brasil 2014 con muchas sorpresas: goleadores, perdedores, tarjetas amarillas, tarjetas rojas, lesionados, protestas, mordiscos, dolores, alegría y varias enseñanzas: trabajando en equipo podemos llegar lejos, cumpliendo las normas no hay amonestaciones, con un buen técnico el jugador rinde mucho, entrenando a diario el juego mejora sustancialmente, pero sobre todo Colombia aprendió que somos capaces y que para llegar a las semifinales, a la final y a ganar el mundial hay que hacer más esfuerzo del realizado hasta ahora. “El genio se compone de 2% de talento y del 98% de perseverancia y aplicación” decía Ludwing Van Beethoven. 

En los colegios de calendario A, ha terminado el primer semestre del año 2014 o, en la jerigonza del balón píe, el primer tiempo del partido. Al igual que en el mundial, hay perdedores, triunfadores, muchos con una tarjeta amarilla llamada Plan de Mejoramiento, todos los niños y niñas con cuantiosas capacidades, pero a la mayoría les falta un Pekerman. Serán bastantes los James Rodríguez que llorarán por los llamados de atención, que los padres Pekermans les harán por su bajo rendimiento académico, pero más porque pudiendo jugar bien en el estudio no lo han hecho, porque les faltó entrenamiento en la lectura, en la escritura y en las ciencias o, porque, teniendo la capacidad para ser finalistas, se descuidaron como los brasileros, no jugaron bien, les ganó la pereza, la desatención, la ausencia de esfuerzo y la carencia de disciplina positiva los ha goleado.

No faltarán los jugadores y espectadores que tildan al arbitro de parcial, al igual que no faltarán los niños que culpan a los profesores, también habrá quienes responsabilizan a los jugadores, porque en su boletín de calificaciones hay muchas tarjetas amarillas, varios goles o materias perdidas e incluso tarjetas rojas. Pero culpar al uno o al otro no sirve de nada, porque tanto los profesores como los demás educandos del curso saben que esos jugadores perdieron las materias, porque evaden clases, se salen del campo de juego, son groseros, no acatan normas, no traen las tareas, no han hecho el esfuerzo requerido en cada materia, es decir, no han cumplido con su deber, como si lo hicieron los jugadores de los equipos del mundial, para poder llegar a ostentar: la copa, el balón de oro, la bota de oro, balón de oro, el guante de oro, el premio al mejor jugador joven, el premio al juego limpio y el premio al equipo más entretenido.  

Pero señor padre de familia, acabamos de comenzar el segundo tiempo, todavía se puede ganar el partido; dicho de otro modo, el año escolar de su hijo no está perdido. ¿Qué debe hacer? Lo mismo que hizo Pekerman: llamar al jugador, hablar con Él, preguntarle cómo se siente física, emocional y mentalmente, nutrirlo mejor, hacerle sentir que es un excelente jugador, mostrarle que si se esfuerza más gana Colombia, gana la familia y sobre todo gana Él o Ella. Solo se requiere que usted, como padre de familia, lo acompañe como el técnico, no lo deje solo en los entrenamientos, dedíquele por lo menos dos horas diarias a estudiar, no es hacerle la tarea, es estar a su lado para que el estudiante las haga, observe lo que está haciendo, revise el uniforme del jugador, apóyelo para que no llegue tarde al campo de juego, porque se pierde de las instrucciones y sin ellas jugará incorrectamente.

¡De Usted depende, señor padre de familia, que nuestro jugador gane o pierda en el segundo tiempo que ya comenzó. En sus manos está el jugador y el balón. Sígale el ejemplo a Pekerman, para que en diciembre la alegría de la familia, por los logros alcanzados por el jugador, sea total y multitudinaria, tal como lo fue la llegada de la selección a Bogotá, el 6 de julio!

El colegio, como campo de juego, está dispuesto a seguirlos apoyando, tenemos puesta la camiseta y seguiremos sudándola como buenos jugadores, súdela usted también y ponga a su hijo a sudarla más. “Con el sudor de tu frente ganarás el pan”, reza una enseñanza bíblica.

Dese la oportunidad de descubrir al Yepes creativo, al Cuadrado estético en las jugadas, al James goleador, a la Catherine Ibargüen luchadora, al Nairo Quintana empoderado y a muchos, cuya lista no cabe en este artículo. Lo que tiene en sus hijos es  una profusa fibra, un silencioso talento y un miedo absurdo a la perseverancia, que en todo caso hay que desactivar, para que Colombia llegue a los mundiales de fútbol, de matemáticas, de ciencias, de tecnología, de paz, de…  bien posicionada y haga vibrar al mundo con los finos pasos de nuestra  danza, con el sabor  alegre y emprendedor de nuestra gente y con el verde -que como lo escribió Aurelio Arturo-  “es de todos los colores”   

José Israel González Blanco. Colegio Distrital Nuevo Horizonte. Bogotá DC.
Julio 16 de 2014
    

domingo, 22 de junio de 2014

La normal y la universidad...


...NIDOS DE POLLUELOS DE CORTO VUELO

“…Los hombres saben hacerlo todo, excepto los nidos de los pájaros”

El nido es sin duda para el pájaro, una morada suave y caliente, anota Gastón Bachelard en La poética del espacio. Es una casa para la vida, es la cobija del pajarillo y la pajarilla que surgen del huevo, es el pulmón externo para el pájaro y la pájara que salen del huevo antes que la piel desnuda reciba su plumón corpóreo, es el aeropuerto donde alientan las alas los aeroplanos naturales, es el lugar del sueño, de la tristeza, es un espacio de aprendizaje y enseñanza. El nido es a la vez mundo y parte del mundo de los pájaros, mientras que el mundo es nido del hombre y de la mujer. El nido es el auditorio donde los pájaros leen las partituras y entonan sus conciertos con la aurora. El nido es historia. Pero el nido es también albergue de excrementos que producen los cuerpos de sus habitantes.

Quienes hemos accedido a la observación, a la contemplación e incluso al desbaratamiento de los nidos, sabemos de la laboriosidad, de la  industria y el artificio con que todos los animales hacen su morada, son tan grandes que no es posible mejorarlos, hasta el punto que superan el trabajo de todos los albañiles, carpinteros y constructores; porque no hay hombre ni mujer que haya sabido hacer para él, para ella y para sus hijos un edificio tan pulido, como el que estos pequeños animales hacen.

En la jungla de la cultura, el nido equivale a las organizaciones sociales; por eso, hablaremos del nido familiar, del nido escolar y de los polluelos. La escuela, es un nido, entre tantos nidos, que alberga las criítas salidas del nido familiar. La Universidad, por su parte, es un nido ingeniado por la humanidad para incubar y abrigar el pensamiento, el arte, la cultura, la investigación, la pedagogía, cuya forma ha sido dada por el cuerpo del pájaro. El nido es el domicilio de las aves, así como la universidad es “el domicilio de las Musas, de las disciplinas liberales, el origen y fuente de las ciencias, la madre y nodriza de los hombres doctos y el semillero de las doctrinas”[1]

El nido escolar

El nido escolar es la segunda casa de los pajaritos y pajaritas. Del nido familiar hacen su segundo o tercer vuelo hacia el nido escolar para seguir creciendo, para emplumar bien, para acabar de encañonar, para que los ornitólogos les enseñen las rutas de la imaginación, la cartografía del mundo y el sentido de los vientos de la cultura. Las aves progenitoras confían en el nido escolar y en los ornitólogos la formación de los pichones.

Frente a estas expectativas surgen los primeros interrogantes: ¿Los ornitólogos que hoy airean el nido escolar tienen el oxígeno suficiente para ayudar al vuelo de los pequeños pajarracos? ¿Conocen los ornitólogos las características de las aves que hoy están posando en el árbol de la escuela? ¿La escuela, el colegio y la universidad son nidos o jaulas? ¿Saben los ornitólogos cuáles son los sabores afectivos de las diminutas aves? ¿Comprenden los ornitólogos cuáles son los plumajes axiológicos que exhiben las aves en el atardecer del siglo XX y a comienzos del Tercer Milenio? ¿Tienen clara la fenomenología filosófica, política, sicológica y cultural de los hijuelos e hijuelas provenientes del nido familiar? ¿Los nidos construidos por los arquitectos responden a las características evolutivas y socioculturales de los moradores? ¿Los nidos que han auspiciado el crecimiento académico de los ornitólogos, huelga decir, la Normal y la Universidad, tienen los elementos que demandan las respuestas de las preguntas expuestas?

El autor de este escrito empolló la pedagogía en la Normal hace mas de siete lustros. Al volar de ese nido custodiado por monjas aterrizó en una vereda selvática en el Magdalena Medio y casi se extingue, porque su cuerpo no sabía navegar en esos aires, pues la Normal  enfatizó más en la fe que en la pedagogía y la cultura rural y urbana. Creía que el ornitólogo iba a la selva a cazar mentes, a enseñar, más que a aprender. Desconocía que Tolstoi había advertido que era de los niños campesinos de quienes se debía aprender a escribir. No sabía este pájaro de corto vuelo, cómo trabajar simultáneamente con tres y cuatro cursos, situación a la cual no escapan muchas escuelas rurales.  No sabía tampoco cómo enseñarle a niños cuyos padres habían sido muertos por grupos armados, menos aún estaba al corriente de qué hacer con las viudas de esos niños para manejar el duelo. Los alumnos dibujados en el currículo formal de la Normal no tenían las siluetas de los niños y menos de las niñas del currículo oculto.  

Luego, en el domicilio de las Musas, es decir en la Universidad (UPTC, U. Nal, UPN y Amigó) el pájaro que solfea este texto nutrió su buche con algunos granos teóricos y metodológicos de diferentes disciplinas del saber, eso no hace más de tres decenios. Aún así, la formación seguía siendo de “buche y plumas”, más que de alas para volar y extremidades para caminar. Evocando a Kafka, en las Consideraciones acerca del pecado, sentía que la Universidad era “una jaula que había ido en busca de un pájaro”.

Pero la práctica pedagógica reflexionada de manera individual y colectiva llevó a hipotetizar,  que la universidad y la normal no están formando ornitólogos para el actual nido escolar, sino para el nido del pasado, desconociendo las mutaciones socioculturales y arquetipos de pajaritos y pajaritas que hoy trinan y hacen trinar a los maestros y maestras en la escuela, en el colegio y en la universidad. Las pajas del nido que soportan la formación de los ornitólogos, que vuelan la frondosidad de la escuela, no tienen las fibras adecuadas, ni el calor suficiente que les permita comprender las características de los hijuelos e hijuelas, que están arribando al colegio y menos aún los elementos necesarios para llevar a cabo el proceso de enseñanza y aprendizaje que ellos y ellas exigen. Parafraseando a Augusto Monterroso, no escriben para la contemporaneidad sino para el pasado.

En una investigación realizada por 24 maestras y maestros del colegio Distrital Nuevo Horizonte[2] encontramos, entre otros, los siguientes prototipos de aves: los homo videns; los alumnos del chat, el internet, el mail y la Web; los menores trabajadores; los alumnos contraventores e infractores; los integrantes de las “Tribus urbanas”; los consumidores de sustancias psicoactivas y los que se encuentran en riesgo de caer en ello; los niños, niñas y jóvenes con el virus del suicidio; los niños, niñas y jóvenes desplazados; los escolares con Necesidades Educativas Especiales, las madres de la infancia, las niñas y niños que están estudiando obligados por sus padres; los que van por el refrigerio, los que atacan verbal y físicamente a los maestros y maestras y los del bullying.

También revuelan por el árbol donde está el nido: los escolares que van a clase cuando quieren y pueden, las madres y padres estudiantes que son pareja, los menores que trabajan delinquiendo, los alumnos y alumnas que asisten a la institución y en la otra jornada asumen el rol de la pandilla, los niños y niñas maltratadas y maltratados física, sicológica y sexualmente, los que empiezan a explicitar opciones sexuales no tradicionales, los niños y niñas con problemas de aprendizaje y en el aprendizaje, los niños, niñas y jóvenes que tienen bajo rendimiento académico, los llamados indisciplinados, los que padecen enfermedades físicas y mentales, los que tienen vocaciones escondidas y asumen actitudes engañosas para salirse con la suya, los que entran al colegio pero no asisten a las clases, y los otros 25 corresponden a la categoría de los “normales”, sumisos, deprimidos, cepilleros, nerdos, los que asisten a clase pero “le hacen conejo” a la misma. No obstante, la concepción de los alumnos de los nuevos colegios de Bogotá, registra otros prototipos.

No es tarde para descubrir el nido

Podemos finiquitar esta reflexión recordando que hay ocasiones en que los humanos descubrimos tarde los nidos, los hallamos sin sus habitantes. La situación que nos ocupa, alude a un encuentro de un nido en proceso de descubrimiento, por lo tanto la invitación es a conocerlo, estudiarlo y trazar políticas, metodologías, didácticas, pedagogías, técnicas y escenarios para el cultivo de los nuevos hijuelos e hijuelas, que brotan del nido familiar, pero  afectados notoriamente por el nido de los Medios de Comunicación, por el mal clima de la guerra, por la peste de la pobreza, por la depredación de su familias y por el atraso científico y tecnológico de las instituciones formadoras de ornitólogos y del país en general, como lo ha puesto en el debate Jorge Orlando Melo.

Para descubrir o redescubrir el actual nido escolar, podemos apoyarnos en las siguientes pistas:  

¿La normal y la universidad están formando y cualificando a sus ornitólogos para enseñarle a Pasión, una niña que explicita su desinterés por el estudio, puesto que  está en embarazo y su proyecto de vida tiene como techo conseguir una compañía, lograr que le suministren alimentación si no para ella, para “ese nuevo ser que no tiene la culpa de nada”, abogando implícitamente por el respeto como mujer, sin importar mucho la academia?

 ¿La normal y la universidad están formando y cualificando a sus ornitólogos para enseñarle a Dormitila, una alumna que llega a dormir sobre el pupitre, que asiste obligada al colegio, que le gusta más la calle porque allí la pasa más chévere pegándose sus elevaditas con las colillas de maracachafa que le pasan sus compañeros de parche?

¿La normal y la universidad están formando y cualificando a sus ornitólogos para enseñarle a Bolívar, educando a quien le encantan las maquinitas más que los libros, los cuadernos y los profes?  

¿La normal y la universidad están formando y cualificando a sus ornitólogos para enseñarle a Placedes, adolescente que viene a clase cuando quiere, es decir, en los momentos en que no hay tareas, cuando hay jean day, el día en que los estudiantes salen más temprano o sencillamente cuando no hay más que hacer?

¿La normal y la universidad están formando y cualificando a sus ornitólogos para enseñarle a Estrella a quien sus compañeros la llaman cariñosamente la astronauta, puesto que está de cuerpo presente en el salón, pero “vive en las nubes” y varias veces ha intentado suicidarse, a causa de no hallarle sabor a la vida y por la carga de problemas tan intensa, pero sin embargo, arguye que el colegio es un escape, precisamente porque en él puede desahogarse peleando, gritando, haciendo sufrir a los profes y compañeros, llamado la atención para que la consientan; en fin, haciéndole trampa a tan macabra idea que le  ronda en la cabeza?.

¿La normal y la universidad están formando y cualificando a sus ornitólogos para enseñarle a Soledad, aquella chica que permanece aislada, ausente de las conversaciones de sus compañeros y cuya costumbre  replica en la casa, lugar donde comparte la jornada contraria al estudio con un perro y en las noches, en medio del sueño interactúa con su padre cuando llega cansado de trabajar y con sus polas en la cabeza?

¿La normal y la universidad están formando y cualificando a sus ornitólogos para enseñarle a Gloria acerca de la calificación, siendo una niña muy similar a la de los hermanos Wright, dado que la pasa echando globos en las clases, debido a que su padre la ha abandonado, su madre es bebedora de trago, el padrastro ha intentado abusar sexualmente de ella, y las clases no la motivan, porque no le ayudan a resolver tan complejas ecuaciones?

Por último, digamos con el Quijote, “si este caballo nos trajo hasta acá, seguramente nos devolverá a tierra.” Si este análisis ha puesto en evidencia la insularidad de los nidos donde se forman los maestros y maestras, entonces acerquémonos a la plataforma continental o sino hagamos un puente en el que la cruda realidad de la escuela actual cruce las fronteras de la universidad, para ser estudiada y transformada a través de los ornitólogos, formados con alas de largo alcance y no de corto vuelo tal como viene ocurriendo.

José Israel González Blanco
Trabajador Social
Colegio Distrital Nuevo Horizonte. Bogotá Colombia
Bogotá DC, abril 20 de 2007



[1]Citado por BONILLA P. José Vicente (1997). “Universidad conocimiento y universidad”.En: La postmodernidad: implicaciones para la educación. Santa Fe de Bogotá: Dimensión Educativa. Revista Aportes Nº 47, p. 93 ss
[2] Ver: GONZÁLEZ BLANCO, José Israel y otros (2006). Innovación, Currículo, Conflicto y Participación. Bogotá DC, editorial Códice.